Director: Eduardo Vizcarra Cruz

martes 21 de abril de 2026

Sufre accidente la alcaldesa de Soto la Marina; se reporta fuera de peligro

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El accidente de la alcaldesa de Soto la Marina recuerda que Tamaulipas necesita carreteras más seguras.

El accidente que sufrió la alcaldesa de Soto la Marina, Glynnis Jiménez Vázquez, en la carretera hacia Ciudad Victoria, más allá del susto y del impacto político local, vuelve a poner sobre la mesa un tema que Tamaulipas no ha podido resolver del todo: la fragilidad de sus carreteras y la falta de condiciones seguras para el tránsito de autoridades y ciudadanos por igual.

El percance —ocurrido en el Puente del Río Soto la Marina— no fue resultado de la inseguridad criminal, sino del descuido vial y del deterioro estructural que por años ha sido normalizado. Sin embargo, ambos factores confluyen en un mismo punto: el riesgo cotidiano de trasladarse por el territorio tamaulipeco.

Glynnis Jiménez, quien se dirigía a cumplir con una agenda de promoción turística y económica —el Torneo Internacional de Pesca de Corvina y Especies Varias—, representa a una generación de alcaldesas que gobiernan municipios de vocación productiva, pero con vías de comunicación que no acompañan el desarrollo local.

El hecho de que el choque haya involucrado una camioneta particular de una empresa veracruzana que invadió el carril contrario, muestra también otro problema estructural: la falta de control y supervisión sobre el transporte y tránsito foráneo que cruza por rutas estatales, muchas veces sin condiciones técnicas adecuadas ni vigilancia suficiente.

Tamaulipas avanza, sí, en obra pública y desarrollo regional, pero sus carreteras siguen contando la historia de un rezago que no distingue colores ni partidos. Son las mismas rutas por donde circula el turismo, la economía y el poder político, y también los mismos tramos donde cada semana la imprudencia o la falta de mantenimiento cobran nuevas víctimas.

La pronta recuperación de la alcaldesa Jiménez Vázquez es una buena noticia. Pero el suceso debería leerse más allá del infortunio personal: es un recordatorio urgente de que ningún proyecto de desarrollo puede prosperar mientras moverse por carretera siga siendo un acto de fe.

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