Hoy en México se habla mucho de política… pero ya no hay política.
No sé si te pasa…
pero a mí sí.
Prendes la tele, abres redes, escuchas conversaciones…
y todo el mundo habla de política.
Pero cuando te detienes un poco…
te das cuenta de algo:
ya no hay política.
Solo hay un discurso y su rechazo automático.
Solo hay aplausos ciegos y descalificaciones fáciles.
A los unos les llaman traidores a la patria.
A otros, conservadores privilegiados.
Y las propuestas…
¿dónde están?
¿dónde están las ideas serias para bajar la inseguridad?
¿Quién está explicando con claridad cómo reactivar la economía?
¿Dónde quedó el debate real sobre educación, salud o el campo?
¿Dónde están esas propuestas claras?
De esas que se puedan entender…
y también exigir.
Hoy se habla mucho… pero se construye poco.
Se aplaude sin cuestionar. Y así… no se puede.
La política se ha ido.
Se volvió espectáculo.
Mucho ruido… y pocas respuestas.
Lo demás… es puro cuento.
Y hay algo que nos debe de preocupar todavía más.
La unidad… desapareció.
Antes, en momentos difíciles, al menos se intentaba sumar.
No siempre funcionaba… pero se intentaba.
Hoy ni eso.
Hoy todo es dividir.
“Estos contra aquellos.”
“Los buenos contra los malos.”
“Los de un lado contra los del otro.”
Y así no hay país que avance.
Porque un país no se construye con bandos:
Se construye con acuerdos.
No es un tema de bandos… es un tema de país.
Hay una realidad que revela mucho sobre quiénes somos.
Parece que los mexicanos solamente logramos unirnos cuando ocurre una tragedia.
Un huracán…
un temblor…
una desgracia.
Ahí sí.
Ahí aparece el México solidario.
El que ayuda sin preguntar.
El que da sin medir.
Ese México existe.
Lo hemos visto.
Pero fuera de esos momentos…
ya no hay un México unido.
Y eso… no es menor.
Del diálogo ni hablar, se perdió.
Ya no hay puentes.
Y no hay intención de construirlos.
Unos acusan.
Otros descalifican.
Y así se la llevan.
Mientras tanto…
los problemas siguen ahí.
Esperando.
Creciendo.
Y cuando desde el poder se descalifica al que piensa distinto…
se termina de cerrar la puerta.
Porque una cosa es no coincidir, no estar de acuerdo…
y otra muy distinta es anular al otro.
Y sin respeto… no hay diálogo.
Y sin diálogo… no hay política.
Y si no hay ideas,
no hay acuerdos,
no hay diálogo…
y no hay rumbo…
Me pregunto: ¿qué es lo que sí hay?
Porque esto…
ya no es política.
¿Nos seguimos quejando… o ya nos conformamos?