Director: Eduardo Vizcarra Cruz

sábado 18 de abril de 2026

Glosa sin sorpresa: comparecencias largas, fiscalización corta

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El Congreso de Tamaulipas aprobó el calendario de comparecencias por la glosa del informe estatal, bajo la coordinación de Humberto Prieto Herrera. La glosa puede ser rendición de cuentas… o simple trámite político.

El Congreso de Tamaulipas ya puso fecha, hora y orden a uno de los ejercicios más relevantes —al menos en el papel— de control democrático: la glosa del informe de gobierno. Bajo la conducción del presidente de la Junta de Gobierno, Humberto Prieto Herrera, se aprobó un calendario de comparecencias que se extenderá por más de un mes. La pregunta inevitable es si ese tiempo se traducirá en verdadera rendición de cuentas… o en un trámite político cuidadosamente administrado.

En teoría, la glosa es el momento en que el Poder Legislativo revisa, cuestiona y contrasta los resultados del Ejecutivo. En la práctica, suele convertirse en un ejercicio predecible: exposiciones controladas, posicionamientos alineados y preguntas que rara vez incomodan a fondo.

El calendario incluye a prácticamente todas las dependencias clave, desde seguridad hasta finanzas, pasando por desarrollo social, energía y salud. La presencia de nuevos secretarios podría abrir la puerta a ajustes en el discurso, pero no necesariamente en el fondo. Cambian los rostros, no siempre las respuestas.

El diseño mismo de las comparecencias revela un patrón: algunas dependencias comparecen ante comisiones —donde el impacto mediático es menor— y otras ante el pleno, donde el debate debería ser más visible. Esa diferencia no es menor; define el nivel de exposición pública y, en muchos casos, la intensidad del escrutinio.

Otro punto clave es el contexto. Tamaulipas enfrenta retos estructurales en seguridad, desarrollo económico y servicios públicos. La glosa debería ser el espacio para evaluar resultados concretos, no solo para reiterar discursos institucionales. Sin embargo, la experiencia indica que el formato rígido limita el margen para el cuestionamiento real.

El llamado “sin cambios en el formato” es, en sí mismo, una señal. Si el esquema no evoluciona, difícilmente lo hará la profundidad del análisis. Y ahí radica el riesgo: que la glosa cumpla con la forma, pero no con el fondo.

Porque al final, el problema no es cuántos días duran las comparecencias, sino qué tan incisivas son. No es cuántos funcionarios acuden, sino qué tanto responden. No es el calendario… es la calidad del debate.

En Tamaulipas, el reloj legislativo ya comenzó a correr. Falta ver si las comparecencias serán un verdadero ejercicio de rendición de cuentas o solo una coreografía política más.

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