Reynosa Tamaulipas,- Desde Mac Allen, Texas, el fiscal René Guerra decide absolver moralmente a Francisco García Cabeza de Vaca. Lo declara “honesto” y da por inexistente un presunto robo de vehículo ocurrido hace cuarenta años. Un gesto tardío, simbólico y perfectamente funcional para el discurso del ex gobernador, pero jurídicamente irrelevante para los procesos que lo persiguen en México.Porque el problema de Cabeza de Vaca no está en el pasado, ni en un expediente menor archivado en una corte texana. Su problema está en el presente político y penal mexicano, donde enfrenta acusaciones de lavado de dinero, delincuencia organizada y saqueo de recursos públicos. Delitos que no prescriben en la memoria colectiva ni se borran con declaraciones extranjeras.La estrategia es evidente: cambiar el foco. Desviar la conversación. Trasladar el debate del terreno de los hechos al de las percepciones. Si en Texas lo llaman honesto, entonces en México todo es persecución política. Es un argumento débil, pero ruidoso. Y en política, el ruido suele usarse cuando los argumentos se agotan.Resulta políticamente preocupante que se intente construir una defensa desde otro país, recurriendo a funcionarios extranjeros para legitimar lo que aquí sigue sin aclararse. La soberanía jurídica no se negocia con opiniones externas, ni la justicia mexicana se subordina a narrativas importadas.Más aún: no estamos hablando de una falta individual, sino de un presunto entramado de corrupción ligado al ejercicio del poder. No se investiga al hombre joven que fue, sino al gobernante que administró recursos públicos y tomó decisiones que hoy son cuestionadas por autoridades federales y estatales.La pregunta real no es si Cabeza de Vaca robó o no un vehículo hace décadas en Mcallen.
La pregunta es qué pasó con el dinero de Tamaulipas.
Y esa respuesta no está en Texas.He ahí el fondo del asunto. Mientras se celebran exoneraciones simbólicas al norte de la frontera, en México permanecen abiertas carpetas de investigación que apuntan a estructuras financieras, operaciones anómalas y presuntos desvíos multimillonarios. Eso no se cancela con discursos; se resuelve en tribunales.El intento de limpiar el nombre con avales políticos externos revela más debilidad que fortaleza. Cuando alguien confía en su inocencia, comparece. Cuando cree en el Estado de derecho, enfrenta procesos. Lo demás es estrategia. Cabeza de Vaca puede ser absuelto moralmente en Texas, pero sigue siendo un prófugo político-judicial en México. Hasta que rinda cuentas, cualquier maniobra discursiva será solo eso: un intento más por evadir lo que realmente importa.Y en Tamaulipas, el mensaje es claro: la justicia no se terceriza ni se cruza la frontera en busca de credibilidad. Se ejerce aquí, o no se ejerce.