La exclusión de los diputados federales de la fracción del Partido Verde en Tamaulipas, a excepción de Carlos Canturosas y Eliphaleth Gómez dejó al descubierto las tensiones internas de la alianza que llevó a Morena y sus aliados a la victoria. La plenaria realizada en El Mante el pasado fin de semana operó más como un filtro político que como un ejercicio de unidad.
El caso de José Braña Mojica resulta ilustrativo: aunque mantiene su filiación morenista, en San Lázaro sigue formalmente en la bancada del PVEM. Su testimonio confirma que no fue convocado, pese a que a nivel nacional sí participa en las reuniones de trabajo y ha sido reconocido tanto por el grupo verde como por la dirigencia de Morena.
La omisión, más que administrativa, parece un gesto calculado de marginación hacia quienes fueron siglados por el Verde en el proceso electoral anterior. La señal política es clara: en Tamaulipas, la dirigencia morenista ya no reconoce al PVEM como un socio confiable, y la ruptura local se traduce en exclusiones deliberadas.
Resulta contradictorio que en Ciudad de México se privilegie la narrativa de la coalición y la construcción del “Plan C”, mientras que en la entidad el mensaje sea de distanciamiento y depuración interna. La pregunta es inevitable: ¿se trata de un reacomodo en vísperas de la definición de candidaturas, o de un deslinde que busca reducir la influencia del Verde en la estructura morenista de Tamaulipas?
Lo cierto es que la decisión de dejar fuera a Braña y a los demás legisladores por el PVEM exhibe la falta de consistencia en la estrategia política local. El discurso de unidad se debilita frente a los hechos, y el mensaje que reciben las bases es de exclusión y fragmentación, justo en un momento en que Morena presume hegemonía.
