Ciudad Victoria.— Las comparecencias de funcionarios estatales en el Congreso de Tamaulipas volvieron a quedar bajo cuestionamiento, luego de que el diputado del PAN, Gerardo Peña Flores, señalara que el formato actual resulta insuficiente para garantizar un ejercicio real de rendición de cuentas.
El legislador reconoció que, si bien se trata de un mecanismo institucional consolidado, el esquema vigente —limitado a dos rondas de participación— restringe la posibilidad de profundizar en temas clave y dar seguimiento puntual a las respuestas de los funcionarios.
“Hay espacio para modificarlo y permitir más interacción”, planteó.
Sin embargo, más allá de la forma, la crítica apunta al fondo.
Peña Flores admitió que no todas las respuestas de los secretarios han sido claras ni completas, lo que deja entrever un problema recurrente en estos ejercicios: la comparecencia como trámite, más que como herramienta efectiva de fiscalización.
El señalamiento no es menor.
Si las preguntas no pueden repreguntarse y las respuestas no se agotan, el resultado es un diálogo incompleto, donde la rendición de cuentas se diluye entre tiempos acotados y formatos rígidos.
El propio legislador reconoció que este modelo “ha sido así a través del tiempo”, lo que abre otra lectura: no se trata de una falla reciente, sino de una práctica institucional normalizada.
Y ahí está el verdadero problema.
Porque mientras el formato no evolucione, las comparecencias seguirán siendo ejercicios controlados, donde la información fluye… pero no necesariamente se cuestiona a fondo.
En teoría, estos espacios deberían fortalecer la transparencia.
En la práctica, siguen dejando dudas.
La propuesta del PAN es clara: hacer más dinámico el formato, ampliar rondas y permitir mayor interacción.
La pregunta es si existe voluntad política para hacerlo.
Porque en un Congreso donde las mayorías pesan, las reglas no siempre se cambian por necesidad… sino por conveniencia.