Director: Eduardo Vizcarra Cruz

miércoles 15 de julio de 2026

Coahuila enciende focos amarillos en Morena: la derrota que nadie quiere asumir

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Mientras Américo Villarreal opta por la prudencia, el morenismo atribuye el revés electoral a irregularidades, evitando una discusión de fondo sobre las causas de la derrota.

La política tiene una regla no escrita: las victorias se presumen y las derrotas se explican.

Eso es precisamente lo que ocurrió tras la elección en Coahuila, donde los resultados preliminares colocaron al PRI con ventaja en los 16 distritos electorales en disputa, dejando a Morena en una posición que hace apenas unos años parecía impensable para un partido que domina gran parte del mapa político nacional.

El gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya, optó por una postura cautelosa. Reconoció la tendencia adversa para Morena, aunque evitó emitir una valoración de fondo al señalar que esperará los resultados definitivos para tener una opinión más sólida.

Políticamente, la respuesta es comprensible. Ningún gobernador emanado de Morena quiere aparecer como protagonista de una discusión interna sobre una derrota electoral cuando el partido se encuentra inmerso en la construcción de la sucesión política de 2027.

Sin embargo, más allá de la prudencia institucional de Américo Villarreal, la elección de Coahuila deja varias señales que deberían preocupar a Morena.

La primera es que el partido guinda sigue encontrando resistencias en entidades donde los aparatos políticos tradicionales conservan estructuras territoriales sólidas. Coahuila se ha convertido en uno de los últimos bastiones del PRI y nuevamente demostró que la hegemonía morenista no es absoluta.

La segunda señal tiene que ver con la narrativa posterior a la elección.

Mientras Américo Villarreal mantuvo una posición moderada, el presidente del Consejo estatal de Morena en Tamaulipas, Rómulo Pérez Sánchez, optó por la explicación más recurrente en la política mexicana: atribuir la derrota a irregularidades, compra de votos y prácticas del viejo régimen.

El problema de esa narrativa es que puede servir para cohesionar a la militancia, pero difícilmente ayuda a comprender las razones reales de una derrota.

Cuando un partido pierde y automáticamente responsabiliza a factores externos, corre el riesgo de dejar de analizar sus propios errores.

Coahuila no es solamente una elección local, como afirmó el dirigente morenista. También es un laboratorio político de cara a los procesos que vendrán en los próximos años.

La elección mostró que los programas sociales por sí solos no garantizan victorias automáticas, que la popularidad presidencial no necesariamente se traduce en triunfos legislativos y que las estructuras locales siguen teniendo un peso determinante en las urnas.

Otro elemento que llamó la atención fue la referencia obligada al hijo del gobernador tamaulipeco, Américo Villarreal Santiago, quien se desempeña como delegado de Bienestar en Coahuila. La aclaración del mandatario sobre el cargo de su hijo parece menor, pero refleja el nivel de escrutinio que existe alrededor de cualquier figura vinculada a Morena en procesos electorales donde los resultados no acompañan las expectativas.

La realidad es que Morena sigue siendo la principal fuerza política del país. Pero también es cierto que los resultados de Coahuila demuestran que no es invencible.

Para el morenismo, el peor error sería minimizar la derrota bajo el argumento de que se trató de una elección local sin trascendencia. La historia electoral reciente demuestra que los procesos aparentemente menores suelen anticipar tendencias mayores.

La verdadera prueba para Morena no será explicar por qué perdió en Coahuila.

La verdadera prueba será demostrar que aprendió algo de esa derrota.

Porque en política, las victorias generan confianza, pero son las derrotas las que revelan la capacidad de autocrítica de un movimiento.

Y hasta ahora, en Morena, la autocrítica sigue siendo una asignatura pendiente.

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