Mientras el Gobierno de Tamaulipas presume resultados contundentes en seguridad carretera —afirmando que la estrategia impulsada por el gobernador Américo Villarreal ha reducido el robo a transportistas y colocado al estado entre los que menos carpetas de investigación registran por este delito—, la realidad que denuncian los propios operadores y productores del campo exhibe un escenario muy distinto.
A partir de este lunes 24 de noviembre, organizaciones nacionales de transportistas y productores agrícolas anunciaron una movilización con bloqueos totales en carreteras, aduanas de la frontera norte e incluso accesos industriales. El mensaje es tan claro como alarmante: “no habrá paso”.
La protesta, encabezada por líderes como David Estévez Gamboa, de la ANTAC, advierte que la situación ya rebasó la paciencia del sector: inseguridad creciente, extorsiones, cuotas por circular y un rezago acumulado de respuestas del Gobierno Federal.
La contradicción es evidente:
Por un lado, un gobierno que asegura que la incidencia va a la baja; por el otro, los propios transportistas —quienes viven la realidad desde la cabina— preparando un paro nacional porque las carreteras son hoy sinónimo de riesgo.
¿Qué está fallando?
El discurso oficial suele apoyarse en cifras de carpetas de investigación. Sin embargo, en delitos carreteros la estadística es engañosa:
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La mayoría de los transportistas prefiere no denunciar por temor a represalias o porque consideran inútil el trámite.
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El robo y la extorsión en carretera ocurren en minutos, pero sus consecuencias operativas y económicas duran meses.
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La percepción de riesgo no se construye en oficinas: se construye en la carretera, cuando un operador recibe un “alto”, cuando una patrulla dudosa aparece en el espejo, o cuando un tramo oscuro significa un costo adicional en seguridad privada.
Por eso, a pesar del discurso gubernamental, la movilización del lunes refleja un hartazgo real y acumulado que ni el Estado ni la Federación han logrado desactivar.
Una advertencia nacional con epicentro fronterizo
El llamado a no viajar ese día, y la advertencia de “no sacar un solo viaje”, no es sólo una protesta: es una señal de alarma sobre un sector que mueve al país y que se siente abandonado.
Tamaulipas —puerta comercial y punto neurálgico del transporte de carga— no puede darse el lujo de ignorar esta fractura. La seguridad carretera no se mide por boletines, sino por la confianza de quienes la transitan.
Conclusión
Si mañana las carreteras se paralizan, será la evidencia más contundente de que la narrativa oficial y la realidad del volante están en rutas opuestas.
La seguridad en carretera no se presume:
se siente, o no se siente.