Director: Eduardo Vizcarra Cruz

jueves 01 de enero de 2026

Aburto en Ciudad Madero.

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En la foto se aprecia al candidato Luis Donaldo Colosio caminando hacia el Centro de Convenciones acompañado por Alfredo Pliego Aldana, en ese entonces presidente municipal de Cd Madero.
La tarde se presentaba con un cielo despejado y un aire fresco que contrastaba con la intensidad de la campaña electoral. Nueve o diez días después de haber iniciado su recorrido rumbo a la presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio llegó a Tampico y Ciudad Madero. En ese entonces, yo ocupaba la presidencia municipal de Tampico, cargo que había asumido el primero de enero de 1993. Aproximadamente un año y diecinueve días después, me correspondía recibir, con honor y entusiasmo, a Luis Donaldo como candidato a la presidencia de México. Nuestra relación iba más allá de lo político; era de amistad y confianza, forjada desde años atrás, cuando él, como presidente nacional del PRI, me invitó a dirigir el partido en mi ciudad natal.
Un día me llamó con tono afable, pero decidido, pidiéndome que viajara a la Ciudad de México. En aquel entonces, mi tiempo estaba dividido entre la política y la administración de la aduana, pero hice un espacio para acudir a la cita. Mi llegada a las oficinas del PRI nacional fue un episodio lleno de momentos curiosos y conversaciones que marcarían mi destino, aunque algunas anécdotas prefiero guardarlas para otra ocasión.
En su oficina, con la mirada aguda y su característica serenidad, Luis Donaldo me habló de la última elección para diputado federal en agosto de 1991. El PRI, con Diego Navarro como candidato, había sido derrotado de manera contundente por Carmen Bolado, una ama de casa que, sin experiencia política, venció al representante sindical de los alarifes del puerto. La situación era clara: el PAN había avanzado como nunca en Tampico, y en el horizonte se perfilaban las elecciones municipales. Teníamos que actuar con inteligencia y rapidez.
Nuestro diálogo derivó en un acuerdo de trabajo. Me aseguró que allanaría el camino para que mi llegada a la presidencia del partido ocurriera sin tropiezos ni fracturas internas. Pasaron los meses, y las conversaciones se hicieron frecuentes. Sus llamadas eran directas, analíticas, siempre con consejos y estrategias. Un día, sin embargo, su tono fue distinto. Había descubierto que yo continuaba en mi cargo en la aduana. «Necesitamos tu total compromiso», me dijo con firmeza. «El partido requiere de todo tu tiempo». Así, me vi en la necesidad de renunciar a la Secretaría de Hacienda y dedicarme de lleno a preparar las elecciones municipales. Fue entonces cuando me puso en contacto con María de las Heras, su encuestadora de confianza, con quien comenzamos a medir las preferencias electorales. Eran tiempos en los que las encuestas apenas se empezaban a utilizar con método y precisión, y nosotros fuimos pioneros en ello.
El plan de Luis Donaldo en Tampico avanzaba con disciplina. Su apoyo y liderazgo fueron fundamentales cuando me invitó a ser candidato a presidente municipal. Aquella elección tuvo un giro simbólico: competí contra la misma Carmen Bolado que dos años antes había vencido al PRI, y esta vez, fui yo quien resultó ganador.
Para entonces, Luis Donaldo había dejado la presidencia del PRI y ocupaba la Secretaría de Desarrollo Social en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Nuestra amistad se fortaleció en una nueva dinámica. Yo formaba parte del programa «100 Ciudades», mientras él trazaba su camino hacia la candidatura presidencial.
Ahora bien, ¿por qué rememoro todo esto? Porque aquella visita de Colosio a Tampico dejó en mi memoria un episodio imborrable. El sindicato petrolero dominaba la zona, y se organizó un evento masivo en el Centro de Convenciones, el conocido «Quina Dome», para las seis de la tarde. La noche caía cuando nuestro autobús avanzaba por la calle Durango. En ese momento, el general Domiro García, jefe de escoltas del candidato, se acercó con expresión tensa y le informó en voz baja que un grupo de personas bloqueaba la calle, exigiendo verlo. Al frente del grupo estaba el alcalde perredista de Ciudad Madero, Alfredo Pliego Aldana.
Colosio me miró, buscando respuestas. «Es amigo nuestro, Pliego», le aseguré. «Recuerda que lo llevé a Aguascalientes y se comprometió a apoyarte». Luis Donaldo asintió y, sin dudarlo más, decidió bajar del autobús. Le propuse caminar hasta el recinto. Así lo hicimos. Saludó al contingente y avanzamos entre la multitud. La ruta estaba muy poco iluminada, el ambiente era vibrante pero desordenado, y el general García entre penumbras hacía lo imposible por organizar la seguridad del trayecto.
Afortunadamente, la jornada transcurrió sin incidentes. El Quina Dome estaba repleto de simpatizantes, y el evento resultó un éxito.
Hoy, más de tres décadas después, hay una pregunta que no deja de rondar en mi mente. ¿Qué habría sucedido si Mario Aburto, en lugar de estar en Lomas Taurinas, hubiera estado aquella noche en la calle Durango de Ciudad Madero? ¿Cómo habría cambiado la historia si, en ese tramo de incertidumbre, hubiera ocurrido una tragedia? Sesenta y tres días después de aquella jornada, Luis Donaldo Colosio Murrieta fue asesinado.
Un disparo en la multitud apagó su vida y, con ella, el anhelo de un pueblo que tenía hambre y sed de justicia.
Descanse en paz.

 

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