
Por años, Playa Miramar ha sido un punto de encuentro para familias y turistas en Ciudad Madero, un espacio que debería combinar recreación con seguridad. Sin embargo, los recientes operativos de Tránsito impulsados por el alcalde Erasmo González Robledo han generado más preguntas que certezas.
Presentados como medidas de prevención vial y protección a motociclistas, los dispositivos han terminado centrando la atención en asegurar vehículos y sancionar conductores, lo que deja la sensación de que la prioridad es la recaudación más que la educación vial. La invitación a dejar la motocicleta y continuar en automóvil, aunque aparentemente “preventiva”, puede interpretarse como una medida coercitiva que no aborda las raíces del problema: falta de infraestructura segura, educación vial insuficiente y control de exceso de velocidad.
La presencia de la Marina y la Secretaría de Seguridad Pública de Tamaulipas aporta visibilidad y legitimidad, pero también plantea la pregunta: ¿realmente se trata de un esfuerzo de seguridad integral o de un operativo simbólico que busca proyectar acción durante el fin de semana más concurrido de la playa?
La verdadera prevención requiere estrategias más profundas: campañas de educación vial, mantenimiento de señalización, mayor control de alcohol y velocidad, y programas de concientización para motociclistas y automovilistas. Multas y aseguramientos pueden disuadir temporalmente, pero no garantizan seguridad permanente ni generan confianza entre la población.
Si el gobierno municipal desea convencer y proteger realmente, debe combinar la vigilancia con acciones que enseñen, no solo que sancionen. De lo contrario, estos operativos, aunque vistosos, podrían convertirse en un ejemplo de cómo la seguridad se mide más en números de aseguramientos que en vidas salvadas.