Director: Eduardo Vizcarra Cruz

viernes 30 de enero de 2026

Miramar: la playa que se apaga entre la indiferencia y el descuido

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Playa Miramar: el orgullo turístico que agoniza bajo el abandono municipal

Por años, Playa Miramar ha sido el emblema turístico del sur de Tamaulipas, el rostro amable con el que Ciudad Madero se mostraba ante el país y el mundo. Sin embargo, hoy esa postal se desvanece entre aguas negras, basura acumulada y olores fétidos que contrastan con el discurso oficial de una administración municipal más ocupada en el espectáculo que en el servicio público.

Lo que alguna vez fue orgullo regional —símbolo de desarrollo, inversión y encuentro familiar— hoy enfrenta un proceso de degradación ambiental y urbana que amenaza con borrar su prestigio. La falta de mantenimiento, la ausencia de planeación y el deterioro de su infraestructura básica revelan el abandono sistemático del gobierno municipal encabezado por Erasmo González Robledo.

Mientras los prestadores de servicios turísticos, hoteleros y restauranteros reclaman atención y acciones concretas, el alcalde dedica tiempo y recursos a promover el “Marciano Fest 2025” y a posar en fotografías junto al exjugador de la NFL Dante Hall, mostrando la cancha de tochito instalada en la playa como si el deporte y el espectáculo pudieran tapar el olor a drenaje que inunda el malecón.

La Carrera Fuerza Rosa, prevista para este fin de semana, recorrerá un bulevar costero que refleja la realidad que las autoridades prefieren ocultar: banquetas rotas, matorrales, baches, basura y un ambiente deteriorado. Los olores más intensos se concentran en torno a la glorieta de Las Sirenas, donde incluso los comercios y visitantes sufren las consecuencias de un sistema de drenaje colapsado.

El problema no es sólo estético, sino estructural y ambiental. Miramar no es una pista de eventos; es el corazón turístico de Tamaulipas. Y su deterioro evidencia el vacío de una gestión pública que ha confundido promoción con administración, propaganda con resultados.

Miramar agoniza, y con ella la confianza ciudadana. Porque cuando un gobierno abandona su playa, también abandona su compromiso con la comunidad que vive de ella.

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