
En lo que va del año, 3,500 tamaulipecos han sido deportados desde Estados Unidos, sin que ninguno haya recurrido al programa de “auto deportación” recientemente implementado por el gobierno norteamericano.
El programa, que promete apoyo económico y la posibilidad de obtener una visa en el futuro, no ofrece garantías reales. Para las familias migrantes, esa “opción” significa renunciar a los sueños construidos con años de esfuerzo y regresar con incertidumbre a una vida que dejaron atrás.
Juan José Rodríguez Alvarado, director del Instituto Tamaulipeco para los Migrantes, explicó que son los más recientes en llegar a EE.UU. quienes viven bajo mayor presión, expuestos a redadas y amenazas laborales. En cambio, quienes llevan más tiempo allá resisten, confiando en que su permanencia algún día se traduzca en estabilidad migratoria.
Las redadas, especialmente en Texas y California, apenas detienen de 10 a 12 personas por operativo, pero su impacto psicológico es devastador: miedo, ansiedad y ruptura de comunidades enteras. “El propósito es sembrar temor y desalentar la permanencia de indocumentados”, denunció Rodríguez Alvarado.
De acuerdo con cifras del INAMI, Tamaulipas sigue siendo el estado con mayor número de repatriaciones del país, por encima de Baja California, Sonora, Chihuahua y Coahuila. Aun así, en el primer semestre de 2025 se reportó una reducción del 30% en deportaciones.
Detrás de las estadísticas hay rostros, familias y proyectos de vida interrumpidos. Cada repatriación significa empezar de nuevo en medio de la incertidumbre, pero también refleja la resiliencia de miles de migrantes que, aun en el desarraigo, siguen luchando por un futuro digno.