
Aunque las repatriaciones por la frontera de Tamaulipas han disminuido este año, las redadas migratorias del ICE en Texas están afectando a un perfil distinto de mexicanos: personas con décadas viviendo en Estados Unidos, con familia, casa y trabajo, lo que vuelve más compleja su reintegración en territorio nacional.
El director del Instituto Tamaulipeco para los Migrantes, Juan José Rodríguez Alvarado, explicó que a diez meses del segundo mandato del presidente Donald Trump, no puede hablarse de una deportación masiva, sino de una estrategia más focalizada y profunda.
“Podemos estar cerrando el año con menos de 50 mil repatriaciones, quizá unas 40 mil, frente a las 49 mil 800 del año anterior”, precisó el funcionario.
Rodríguez Alvarado subrayó que, aunque las cifras van a la baja, el impacto social es más grave: los repatriados actuales no son migrantes recién llegados, sino familias enteras que pasaron hasta 20 años en Texas y ahora enfrentan un proceso de desarraigo y pérdida de patrimonio.
“La operación del ICE es más activa que en administraciones anteriores. Se trata de personas con más tiempo viviendo allá, incluso con negocios. El reto institucional es su reinserción”, señaló.
Mientras tanto, las redadas de ICE continúan en comunidades latinas del sur de Estados Unidos, donde las detenciones de “8 o 10 personas” generan un fuerte impacto local, aunque no se reflejen en grandes números estadísticos.
El panorama confirma que la actual política migratoria estadounidense no busca volumen, sino profundidad: menos deportados, pero con historias más dolorosas, lo que pone a prueba la capacidad de los estados fronterizos —como Tamaulipas— para reinsertar y apoyar a quienes regresan después de perderlo todo.