Robert Francis Prevost, con doble nacionalidad, estadounidense y peruana es electo como sucesor de Francisco con el nombre de León X1V
En estos momentos está dando su primer mensaje ante la grey católica en la plaza San Pedro del Vaticano.
» Vamos por una iglesia que se mantenga abierta como está hoy la Plaza San Pedro, Vamos por una iglesia que siempre caminara por la paz y por los que sufren y hoy en dia es la súplica de nuestra Madre Maria que
siempre camina con nosotros por la paz del Mundo¨. «Ave Maria llena eres de gracia Bendita eres con la mujeres bendito es tu vientre Jesús Santa María Madre ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte Amén¨.
El Cónclave en El Vaticano llegó a su fin con el esperado anuncio: ¡Habemus Papam! Tras varias horas de votaciones, el humo blanco emergió de la Capilla Sixtina, y las campanas de la Basílica de San Pedro comenzaron a repicar, anunciando al mundo que el sucesor del Papa Francisco había sido elegido.
Los 133 cardenales reunidos en la Ciudad del Vaticano se pusieron de acuerdo para elegir al nuevo líder de la Iglesia Católica, después de la triste pérdida de Francisco el 21 de abril pasado.
El nuevo Papa electo se dirige ahora a la sacristía, conocida también como la “sala de las lágrimas”, donde se vestirá con los tradicionales hábitos papales antes de hacer su primera aparición ante los fieles.
Miles de personas se han congregado en la Plaza de San Pedro, llenos de esperanza y fe, para ver al nuevo Pontífice y recibir su bendición “Urbi et Orbi”, un acto reservado exclusivamente para el día de la elección papal, así como para el domingo de Resurrección y la Navidad.
¿Quién es el nuevo Papa?
El cardenal protodiácono Dominique Mamberti ha anunciado oficialmente que el nuevo Papa es el estadounidense Robert Prevost, quien ha elegido llamarse León XIV.
Con esta decisión, se convierte en el primer pontífice originario de Estados Unidos en la historia de la Iglesia Católica, marcando un momento histórico tras la deliberación del Cónclave 2025 en el Vaticano.
“Hijo de San Agustín”
La historia bimilenaria de la Iglesia abre un nuevo capítulo. Hay Papa, un nuevo Papa: el 267.º Pontífice de la Iglesia universal. Un «hijo de San Agustín», un misionero de Chicago con raíces mixtas —francesas, italianas e ibéricas— que se presenta al mundo con las insignias papales y habla en italiano, español y latín. Ha sido elegido por 133 cardenales provenientes de todas partes del mundo, en un Cónclave de ritmo ágil.
Más de 100 mil personas en la plaza
«¡Es blanca! ¡Es blanca!». El primer Habemus Papam lo proclamó la multitud, desbordante —unas 100 mil personas— reunida en el hemiciclo berniniano, que se volcó al lugar tras la primera aparición del humo en la chimenea del techo de la Capilla Sixtina. Eran las 18:07. Primero un pequeño hilo, luego una larga estela que se dispersó en el cielo despejado de esta primavera romana. Un rugido se elevó desde la multitud, que ya poco antes había aclamado y aplaudido al ver a una cría de gaviota posarse junto a la chimenea. Luego, una exclamación de asombro, una liberación de la tensión acumulada por la espera.
Es un momento que se ha vivido cientos de veces en la historia, pero que siempre se siente como la primera. Es el encanto del misterio, del secreto absoluto, que cautiva y conmueve incluso en esta época en la que todo es visible, todo se expone y se relata. Nadie conoce el nombre durante más de una hora, lo custodian solo los cardenales dentro de la Sixtina.
En la Capilla Sixtina antes de la aparición
En esos mismos momentos, en la Capilla Sixtina, frente a sus hermanos reunidos en Cónclave, el Papa León manifestó su consentimiento a la elección canónica e indicó, conforme a lo establecido por el Ordo rituum conclavis, la elección del nombre pontificio: León XIV. El cardenal primero del orden de los obispos fue el encargado de recibir formalmente la aceptación.
Luego, el Papa se dirigió a la «Sala de las lágrimas», para despojarse de las vestiduras rojo púrpura y vivir algunos momentos de intimidad: en oración, solo. En realidad, no solo, sino acompañado por Dios, suplicándole la fuerza para asumir este crucial cometido y recibir el abrazo de los cinco continentes con las vestiduras blancas de Pontífice.
La ovación
«¡Viva el Papa! ¡Viva el Papa!», se escucha en la plaza, y en un momento incluso un «¡Olé, olé!». Un grupo empieza a cantar el Salve Regina en el día en que la Iglesia celebra a la Virgen de Pompeya. La misma Virgen que el propio Pontífice mencionará en sus primeras palabras, pidiendo a todos que recen el Ave María. Quién sabe si ese eco llegó hasta las ventanas selladas de la Sixtina, bajo el majestuoso fresco de Miguel Ángel, donde mientras tanto el primer cardenal diácono ha leído el pasaje evangélico en el que Cristo confía a Pedro su Iglesia y a los sucesores el primado del ministerio apostólico.
Al finalizar, los electores prestaron, uno a uno, el acto de homenaje y obediencia. El Papa acogió a cada uno permaneciendo de pie frente al altar. Luego, él mismo entonó el Te Deum y, mientras el cardenal Mamberti, desde el balcón central de la Basílica Vaticana, anunciaba en latín la elección tan esperada, comenzó su camino hacia el balcón. Precedido por la Cruz, apareció en la plaza. La mano levantada en señal de saludo. Un saludo urbi et orbi, a la ciudad y al mundo, transmitido por todos los medios y cadenas de televisión que interrumpieron sus transmisiones para conectarse con Roma.
Las primeras palabras
A las 19:22, la hora de la aparición. En los minutos previos, el desfile de las bandas musicales, los himnos, el de Italia y el del Estado de la Ciudad del Vaticano, la guardia de honor, la ovación, las banderas de diferentes países entrelazándose, un ir y venir de cardenales octogenarios en el atrio, las cámaras y las cámaras fotográficas de más de 7,000 medios de todo el mundo enfocadas hacia los pesados cortinajes de terciopelo rojo. Luego, el inicio con ese «¡La paz esté con todos ustedes!», que inmediatamente estableció una cercanía, que se fue profundizando con el saludo en español a su diócesis de Chiclayo, en Perú, «donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo».
El recuerdo agradecido a Papa Francisco
Esa familiaridad se transformó en emoción con el agradecido recuerdo de su predecesor Francisco y de sus últimas horas en esta tierra. El Papa argentino que “bendecía Roma, daba su bendición al mundo, al mundo entero, aquella mañana del día de Pascua”, expresó su sucesor. Quien pidió dar continuidad a esa misma bendición: “Dios nos quiere bien, Dios los ama a todos, ¡y el mal no prevalecerá! Todos estamos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos mano a mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede.”