La jefa del Servicio Secreto, Kimberly Cheatle, renunció este martes tras la durísima audiencia de la víspera en un comité de la Cámara Baja sobre el intento de asesinato del expresidente Donald Trump, donde tanto legisladores republicanos como demócratas le exigieron que dejara el cargo debido a sus flojas respuestas sobre «la mayor falla operacional» en décadas de esa agencia, según un comunicado de la Casa Blanca.
Todos llegaron ayer con muchas preguntas y escucharon pocos detalles sobre cómo fue posible que un hombre se trepara al techo de un edificio y disparara un rifle estilo AR-15 con un rango de alcance mayor a la distancia que había entre ese edificio y la tarima en la que hablaba Trump en un mitin en Butler, Pensilvania. Proteger a funcionarios y exfuncionarios del peso de Trump es una tarea clave del Servicio Secreto.
En la audiencia de este lunes, algunos legisladores cuestionaron en específico el hecho de que se hubiese producido tal falla cuando las agencias de seguridad de Estados Unidos contaban con información de inteligencia previa sobre una potencial amenaza iraní contra el exmandatario. El intento de asesinato a Trump fue la primera vez que un líder político fue atacado bajo la protección del Servicio Secreto en décadas. No ocurría algo así desde que un hombre hirió en 1981 al entonces presidente Ronald Reagan.
«Jill y yo agradecemos a la directora Kim Cheatle sus décadas de servicio público. Se dedicó de forma desinteresada y arriesgó su vida para proteger a nuestra nación a lo largo de su carrera en el Servicio Secreto de Estados Unidos», dijo el presidente Joe Biden en el comunicado. «Le agradecemos especialmente por responder a nuestro llamado de liderar el Servicio Secreto durante nuestra administración y agradecemos su servicio a nuestra familia», agregó.