TULA Tamaulipas, julio de 2025
En lo alto de la Sierra Madre Oriental, donde el verde se vuelve infinito y el viento aún lleva olor a tierra húmeda, se abre paso una obra que no solo rompe piedra, sino también paradigmas: el túnel “Américo Villarreal Guerra”, una imponente construcción de mil 805 metros de longitud, que ya se perfila como el quinto túnel carretero más largo de México.
Ubicado en el kilómetro 31.5 de la nueva autopista Mante–Ocampo–Tula, este túnel nace entre laderas y precipicios, y es la joya de ingeniería de una carretera que promete transformar el sur del estado. Su construcción es parte de una inversión de 8 mil 600 millones de pesos que busca no solo ahorrar tiempo —hasta dos horas de trayecto—, sino reconectar regiones y potenciar el turismo, la logística y el desarrollo regional.
Una vena abierta en la montaña
Para abrir esta arteria entre cerros, 450 trabajadores y decenas de ingenieros han laborado sin descanso, perforando roca con un equipo jumbo electrohidráulico de tres brazos, detonando de forma controlada, y reforzando cada tramo con concreto, geomembrana y tecnología de punta. A pesar de lo desafiante del terreno, no se ha registrado ninguna pérdida humana, un mérito que los responsables atribuyen a los estrictos protocolos de seguridad y monitoreo de gases y condiciones internas.
La obra, que alcanza ya un 90% de avance, será entregada en septiembre, mientras que los 107 kilómetros totales de la autopista estarán listos hacia finales de diciembre. Cada metro del túnel ha sido testigo de jornadas extenuantes, lluvias imprevistas, y filtraciones naturales, como la que fue captada en imágenes y viralizada recientemente. Pero lejos de ser un defecto, explican desde obras públicas, se trata de una respuesta normal del cerro en temporada de lluvias, canalizada por un drenaje pluvial que recorre ambos extremos.
«Todos los túneles tienen esas filtraciones en temporada de lluvias», aseguró Pedro Cepeda Anaya, titular de la dependencia estatal, durante un recorrido por el lugar.
Tecnología, seguridad y respeto al entorno
El túnel contará con sistemas de iluminación LED, cámaras de vigilancia, conexión a internet y cuatro bahías de emergencia para que los automovilistas puedan detenerse en caso de avería. Todo está pensado para la seguridad y el confort de los aproximadamente 4 mil vehículos que se estima cruzarán a diario por esta vía.
Afuera, al pie del cerro, descansa el Parque Ecológico La Poza Madre, una joya escondida del Río Comandante, que se une más adelante con el Guayalejo en una de las cuencas más vitales de Tamaulipas. La obra ha sido diseñada para convivir con este entorno, respetando su biodiversidad y evitando alteraciones mayores en el ecosistema.
La cruz en la montaña
La salida del túnel, en dirección a Tula, regala una vista majestuosa de barrancos y selva montañosa. Justo ahí, sobre una malla contra derrumbes, una cruz blanca con flores secas y un listón permanece clavada. No hay nombre, solo silencio. Es un recordatorio de que incluso las grandes obras conviven con las pequeñas historias, las que no salen en los planos, pero habitan la memoria de quienes viven y transitan por la sierra.
La autopista Mante–Ocampo–Tula, con su túnel monumental, será pronto más que un paso entre dos puntos: será símbolo de progreso, ingeniería y voluntad. Un trazo de concreto sobre la historia, que abre nuevos caminos sin olvidar el corazón de las montañas que lo abrazan.