Director: Eduardo Vizcarra Cruz

miércoles 31 de diciembre de 2025

Tamaulipas y el arte de administrar expectativas

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La comparecencia del secretario de Finanzas, Carlos Irán Ramírez González, ante los legisladores y luego con los reporteros en rueda de prensa dejó más lecciones políticas que números. No porque faltaran datos —los dio todos— sino porque el fondo del mensaje es claro: el gobierno estatal quiere proyectar disciplina, orden y rumbo… aun cuando la realidad financiera obliga a caminar sobre una delgada cuerda floja.

El primer anuncio, el de la licencia permanente con examen obligatorio cada cinco años, refleja justamente ese equilibrio: una decisión popular que se mantiene, pero acompañada de un candado técnico que pocos ciudadanos habían leído en la letra fina. La narrativa oficial es preventiva; la interpretación ciudadana será otra: lo “permanente” ya no lo es tanto. No es menor. Habla de un gobierno que empieza a conciliar simpatía política con responsabilidad administrativa.

Después vino el dato que el secretario buscó colocar como insignia: 200 millones de pesos en ahorros por ajustes administrativos en solo tres meses. Correcto, significativo, pero también inevitable preguntar: ¿por qué nunca se hicieron antes? ¿Dónde estaban esos excesos y quién los permitió durante años? No basta con celebrar la disciplina; se debe explicar el origen de la indisciplina previa.

El presupuesto 2026 crece 5%. El secretario lo definió como “eficiente y preciso”, pero evitó hacer ruido político: no habló de justicia social, no habló de transformación, no habló de prioridades ideológicas. En su tono técnico hubo un mensaje: no habrá magia financiera, pero sí administración quirúrgica. Y en un contexto nacional donde los estados exigen más recursos federales, Tamaulipas se conforma con lo que hay y busca “hacer rendir” más lo mismo.

Interesante también su postura frente a la deuda. Por un lado, se presume como logro histórico que, por primera vez en siete años, el gobierno no solicite un crédito a corto plazo para cerrar el año. Y es verdad: ese solo hecho revela el tamaño del desorden heredado. Pero al mismo tiempo se anuncia la creación de un bono verde, un instrumento que, dependiendo de su diseño, puede ser una salida inteligente… o un riesgo sofisticado. El discurso apunta a lo primero; la experiencia nacional nos obliga a observar lo segundo.

La insistencia en que no habrá recortes a salud parece un intento por blindar políticamente un tema que se volvió muy sensible en la opinión pública. Negarlo de manera contundente es necesario, pero exige vigilancia: históricamente, cuando hay presiones financieras, salud es la primera partida afectada, aunque se maquille contablemente.

Sobre los ingresos, Ramírez González reiteró que no habrá nuevos impuestos, un mensaje que funciona bien en redes pero que obliga a la creatividad recaudatoria: mejorar prácticas, modernizar sistemas, perseguir rezagos. Todo eso cuesta tiempo y capital político, especialmente cuando buena parte de los ciudadanos todavía cree que pagar impuestos es una opción.

Finalmente, la deuda estatal. Se bajó la tasa de interés de 1.70 a 1.49, lo que libera 1,600 millones de pesos en flujos. Bien. Pero también se reconoce que se seguirá pagando prácticamente la misma base, porque la deuda no desaparece; solo se administra mejor. En otras palabras: la estructura financiera de Tamaulipas sigue siendo frágil, pero al menos está en manos de alguien que parece entenderla.

La conferencia dejó un mensaje doble: hay orden, pero aún hay demasiadas preguntas abiertas. Hay estrategia, pero también límites. Tamaulipas quiere mandar la señal de estabilidad, pero la estabilidad se construye con decisiones, no con conferencias.

En el fondo, la política y las finanzas comparten un mismo principio:
no se trata solo de lo que se dice, sino de lo que realmente se puede sostener.

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