Director: Eduardo Vizcarra Cruz

viernes 30 de enero de 2026

Tamaulipas, bajo el agua y bajo la omisión

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Las lluvias no sorprendieron a nadie. Lo que sí exhibieron fue el abandono, la falta de planeación y la nula inversión en infraestructura hidráulica.

Las lluvias torrenciales que desde hace 24 horas azotan Tamaulipas dejaron al descubierto lo que durante años se intentó ocultar con discursos y fotografías de supervisión: el abandono, la falta de planeación y la nula inversión en infraestructura hidráulica.

Calles convertidas en ríos, colonias enteras bajo el agua, socavones que devoran vehículos y un transporte público paralizado son el reflejo de una crisis estructural que no se origina en el clima, sino en la ineficiencia. En ciudades como Matamoros, Reynosa, Ciudad Victoria, Madero, Tampico y Altamira, la emergencia exhibió la fragilidad de los gobiernos municipales, la indiferencia estatal y la omisión del federal.

En Ciudad Madero, la Secretaría de Marina tuvo que intervenir para movilizar a la población ante el colapso del sistema local de transporte, mientras la administración de Erasmo González Robledo permanecía inmóvil. Lo mismo ocurrió en otros municipios donde los alcaldes —Armando Martínez Manríquez, Alberto Granados, Mónica Villarreal Anaya  y Carlos Peña— repitieron el libreto del lamento posterior, sin estrategia previa ni respuesta eficiente.

El sistema lagunario del sur de Tamaulipas sigue siendo emblema del desperdicio hídrico. Miles de metros cúbicos de agua pluvial se pierden rumbo al Golfo de México, sin que exista un solo proyecto efectivo para su captación o aprovechamiento. No es un asunto técnico, sino de voluntad política y visión.

Los legisladores, tanto locales como federales, también cargan con responsabilidad. Han optado por el silencio cómodo en lugar de gestionar recursos o impulsar políticas de inversión. El Congreso local tiene frente a sí la oportunidad —y la obligación— de permitir una inyección real de capital a la infraestructura urbana, incluso si eso implica autorizar deuda.

Tamaulipas no puede seguir dependiendo de remiendos y promesas. La región luce colapsada, sin rumbo ni autoridad, proyectando al país la imagen de un estado que se hunde, literalmente, en su rezago.


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