Director: Eduardo Vizcarra Cruz

miércoles 31 de diciembre de 2025

Nuevo Laredo y el tren del poder

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La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal celebra la decisión como símbolo del fortalecimiento de la ciudad y del respaldo del gobernador Américo Villarreal y la presidenta Claudia Sheinbaum.

El anuncio del banderazo del Tren del Norte en Nuevo Laredo el próximo viernes es más que un acto protocolario. Representa una señal política y logística de lo que será la siguiente etapa de la llamada Cuarta Transformación en el norte del país: la consolidación territorial de su narrativa de modernización y conectividad. Y en ese mapa, Nuevo Laredo vuelve al centro de la ruta.

Entrevistada a su arribo a la sede del Congreso de Tamaulipas la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal no oculta su entusiasmo: el tren que unirá la Ciudad de México con la frontera tamaulipeca es, en su lectura, el símbolo de un reencuentro entre el país productivo y su frontera más viva, después de décadas de abandono ferroviario y privatizaciones. No es un tema menor: el último tren de pasajeros desapareció junto con una parte de la historia industrial del norte. Recuperarlo ahora tiene un valor político que va más allá de lo técnico.

Pero detrás del discurso de alegría institucional, hay una lectura de poder más fina. Nuevo Laredo se ha convertido en el escaparate fronterizo de la alianza política entre el gobernador Américo Villarreal y el gobierno federal. No hay improvisación: el banderazo ferroviario en tierra neolaredense, tras haber pasado por Nuevo León, significa una afirmación de soberanía regional y una reivindicación del papel estratégico de Tamaulipas en la agenda nacional de infraestructura.

En el plano municipal, Canturosas busca dejar su sello con un cierre de administración cargado de obra pública y discurso social: 13 clínicas municipales, el Museo de Ciencia y Tecnología con Planetario, la primera Plaza de la Mujer con perspectiva de género, y la rehabilitación del MEX II con recursos 100% locales. Todo eso construye la narrativa de una ciudad “que no se detiene”, pero también de un liderazgo que busca trascender los límites del municipio y proyectarse en el tablero estatal.

Sin embargo, el entusiasmo del momento no debe opacar los desafíos de fondo. La economía fronteriza sigue marcada por la incertidumbre del T-MEC, las presiones de los aranceles y cierres temporales de exportaciones, y una maquiladora que opera con cautela ante los cambios comerciales de Washington. La alcaldesa lo admite entre líneas: la especulación ha frenado inversiones y la estabilidad de los cruces es, por ahora, la excepción que confirma la regla.

En materia de conectividad, el tren es una promesa aún en vías. Los costos, los tiempos y la viabilidad del proyecto siguen siendo información reservada. Si bien la obra encaja en la estrategia de infraestructura del nuevo gobierno federal, no se puede ignorar que los proyectos ferroviarios en México han sido más eficaces en el discurso que en los rieles.

Tampoco puede omitirse el mensaje de seguridad implícito en sus declaraciones: la carretera ribereña “ya es segura”, afirma la alcaldesa, en contraste con el pasado reciente de violencia en esa zona. El énfasis no es casual: proyectar una frontera segura es condición indispensable para que cualquier inversión —desde un tren hasta una maquiladora— se vuelva creíble.

Así, entre la narrativa de progreso y la prudencia económica, Nuevo Laredo se posiciona como un nodo político y simbólico del nuevo orden fronterizo. El banderazo del tren no solo marca el inicio de una obra, sino el relanzamiento del discurso de la frontera como motor nacional, una vieja promesa que esta vez se reviste con los colores de la 4T y con la voz de una alcaldesa que sabe capitalizar los momentos.

El reto será que ese tren, cuando por fin ruede, no solo transporte pasajeros, sino también resultados.

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