



La crisis hídrica y pluvial del sur de Tamaulipas no es una tragedia natural.
No es mala suerte.
No es “un reto histórico”.
Es el resultado directo de años de abandono político, negligencia institucional y complicidad silenciosa.
Y esta vez no lo dice un opositor ni un columnista crispado: lo dijo el presidente del COMCE, Felipe Pearl Zorrilla, un empresario que normalmente evita los choques públicos.
Para que él levante la voz de esta forma, el deterioro ya es insostenible.
Erasmo González: seis años presidiendo la comisión de Presupuesto y Cuenta Pública; e integrante de la comisión de Medio Ambiente, Sustentabilidad, Cambio Climático y Recursos Naturales; y cero pesos para Madero
Hablar del abandono y no señalar al principal responsable sería una falta de honestidad.
El hoy alcalde de Ciudad Madero, Erasmo González Robledo, tuvo en sus manos una de las llaves más poderosas del presupuesto federal: la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados.
¿El resultado?
– Ni un solo proyecto hidráulico relevante.
– Ni un dren profundo.
– Ni un metro de infraestructura pluvial etiquetado.
– Ni un peso que cambiará el destino de una ciudad que hoy se inunda con lluvias moderadas.
La verdad es brutal:
Erasmo tuvo poder, tuvo tiempo, tuvo posición… pero no tuvo voluntad.
Hoy Madero se hunde, literalmente, bajo el agua que pudo evitar.
Los otros responsables: diputados que pasaron sin pena, sin gloria y sin gestión
Felipe Pearl no los nombró, pero todos saben quiénes son.
Diputados como Adrián Oseguera, Chucho Nader y Blanca Narro tuvieron el mismo acceso a la Federación, el mismo deber de gestionar recursos, el mismo compromiso con la región.
¿Y qué hicieron?
Nada.
Cero.
Un sexenio completo de silencio cómodo mientras la zona conurbada acumulaba rezago.
En política, el silencio también es corrupción.
Conagua: cobra millones, regresa migajas
La denuncia empresarial fue contundente:
Conagua recauda entre 200 y 300 millones de pesos al año solo por uso de agua en la zona metropolitana de Tampico, Madero y Altamira.
¿Y en qué se nota?
En nada.
Ese dinero no vuelve en plantas de tratamiento, no vuelve en drenes, no vuelve en infraestructura.
Conagua actúa como si el sur de Tamaulipas fuera una caja registradora, no una región con casi un millón de habitantes que depende de un sistema colapsado.
Colonias que se inundan porque el gobierno decidió que se inundaran
Árbol Grande, Ampliación Unidad Nacional, Hipódromo, Luna Luna…
Cada colonia inundada es la evidencia física de las omisiones.
No se inundan por exceso de lluvia.
Se inundan por falta de drenes.
Por falta de inversión.
Por falta de gestión.
Esa es la parte que duele:
la tragedia se repite porque quienes podían evitarla prefirieron mirar hacia otro lado.
Un sur que produce, aporta y sostiene… pero recibe abandono a cambio
Tampico, Madero y Altamira mueven la economía del estado.
Generan empleo, industria, comercio exterior, turismo.
Pero cuando se trata de infraestructura básica, la Federación se hace de la vista gorda y los representantes federales guardan un silencio que huele más a complicidad que a incapacidad.
Conclusión: el agua baja del cielo, pero el abandono viene del poder
La región puede seguir escuchando excusas, promesas y discursos vacíos.
Pero la realidad ya está escrita:
La crisis hídrica del sur de Tamaulipas no es natural.
Es política.
Es negligencia.
Es responsabilidad directa de quienes tuvieron en sus manos cambiar el rumbo y no lo hicieron.
Y mientras esos nombres no se asuman como responsables, Tampico, Madero y Altamira seguirán bajo el agua…
No por lluvia, sino por abandono.