Director: Eduardo Vizcarra Cruz

viernes 17 de abril de 2026

El campo bloquea… porque ya no tiene salida

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Productores bloquean carretera en San Fernando. No es estrategia… es desesperación. La diputada Mercedes del Carmen Guillén Vicente lo reconoce: “En el fondo tienen razón”.

Cuando una carretera federal se convierte en trinchera, el problema dejó de ser técnico y se volvió político. El bloqueo en San Fernando no es un hecho aislado: es la expresión visible de un campo que lleva años acumulando pérdidas, promesas incumplidas y mesas de diálogo sin resultados.

Los productores agrícolas no toman carreteras por estrategia, lo hacen por desesperación. Y ahí radica la gravedad del momento: cuando la protesta escala a afectar a terceros, es porque los canales institucionales han dejado de funcionar.

La diputada Mercedes del Carmen Guillén Vicente lo dijo sin rodeos: “en el fondo tienen razón”. Una afirmación que, viniendo desde el propio ámbito político, revela lo que muchos evitan reconocer públicamente: el problema no es la protesta, es la falta de soluciones.

El eje del conflicto es claro: precios de garantía insuficientes, costos de producción elevados y una cadena comercial que no favorece al productor. El resultado es una ecuación insostenible donde quien trabaja la tierra gana cada vez menos.

Pero hay otro ángulo incómodo. Mientras los productores bloquean carreteras, organismos empresariales como Canacintra y Canaco respaldan el discurso oficial. El problema, como lo señala la legisladora, es que ese respaldo no se traduce en soluciones estructurales. Acompañan… pero no resuelven.

El costo de este choque es alto. No solo en pérdidas económicas por el bloqueo de rutas estratégicas, sino en la erosión de la confianza entre productores y gobierno. Cada protesta que no se resuelve alimenta la siguiente.

Y mientras tanto, Tamaulipas —que alguna vez aspiró a ser referente agrícola— ve cómo su potencial se diluye entre conflictos recurrentes. La nostalgia del “granero de la nación” no es solo retórica; es el contraste con una realidad donde producir ya no garantiza sobrevivir.

El gobierno federal instala mesas. Los productores bloquean carreteras. Y en medio, el ciudadano paga el costo de ambos.

La pregunta ya no es si las protestas son justificadas.
La pregunta es cuánto tiempo más puede sostenerse un modelo donde el campo solo es escuchado cuando paraliza al país.

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