Tras casi una década de decisiones administrativas que asfixiaron a una de las instalaciones energéticas más importantes del país, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) logró que Petróleos Mexicanos (Pemex) destrabara las fichas de nuevo ingreso en la Refinería “Francisco I. Madero”, ubicada al sur de Tamaulipas, anunció Esdras Romero Vega.
El secretario general del interior de la Sección Uno del STPRM señaló que no se trataba de un asunto menor toda vez que desde 2018, Pemex mantuvo congeladas las plazas mientras la plantilla envejecía, los turnos se saturaban y áreas críticas operaban con el mínimo indispensable. El resultado fue un riesgo permanente en seguridad industrial y continuidad operativa en una refinería que acaba de cumplir 100 años y que abastece combustibles al noreste del país.
“Fue un rezago peligroso que no podía prolongarse más”, advirtió Esdras Romero Vega, secretario del Interior de la Sección Uno del STPRM, al señalar que la jubilación natural de trabajadores sin reposición de personal generó vacíos técnicos que pusieron en jaque la operación.
La liberación de las fichas no fue automática ni voluntaria. Fue resultado de una gestión política y sindical directa del dirigente nacional del STPRM, Ricardo Aldana Prieto, quien tuvo que sentarse a negociar con Pemex para corregir una omisión que ya había sido advertida por los propios técnicos de la refinería.
Hoy, decenas de nuevos trabajadores —muchos de ellos hijos de petroleros— ya ingresaron a programas intensivos de capacitación y forman parte de las cuadrillas que tripulan las plantas. Es un primer paso para frenar una dinámica que había convertido la operación cotidiana en una carrera contra el desgaste humano.
“Tener personal suficiente y capacitado no es un tema laboral, es un tema estratégico”, sostuvo Romero Vega, al recordar que operar con personal insuficiente incrementa el riesgo de fallas, accidentes y paros no programados.
Desde la Sección Uno del STPRM se reconoce el avance, pero también se lanza una advertencia: si no existe un plan nacional de contratación, el problema volverá a repetirse. Tan solo en los próximos cinco años, una parte sustancial de la plantilla alcanzará la edad de jubilación.
La congelación de plazas ya demostró que no ahorra recursos: pone en riesgo infraestructura crítica, seguridad industrial y, en última instancia, la seguridad energética del país.
La Refinería Madero no puede seguir operando al límite. El relevo generacional ya llegó tarde; ahora corresponde a Pemex sostenerlo con visión de Estado y no volver a cerrar la puerta al ingreso de trabajadores capacitados.
Porque en materia energética, la improvisación cuesta… y cuesta caro.