Director: Eduardo Vizcarra Cruz

jueves 01 de enero de 2026

Aranceles al azúcar: un respiro para los cañeros… y un recordatorio del desorden que dejó al mercado al borde del colapso

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México impone aranceles de 156% a 210% al azúcar importada… y por fin los cañeros respiran.

La imposición de aranceles de entre 156% y 210% a las importaciones de azúcar abrió un respiro para los productores nacionales, pero también exhibe —una vez más— la fragilidad y la falta de regulación efectiva en un sector donde los intereses comerciales han pesado más que la protección a la producción nacional.

Los cañeros, que en años recientes han operado entre sequías, sobreoferta importada y precios deprimidos, celebran la medida.

Vicente Verástegui Ostos, diputado local y productor cañero de Xicoténcatl , reconoce que los aranceles podrían finalmente contener la caída del precio y evitar que ingenios e intermediarios sigan desplazando el azúcar mexicana con producto extranjero mucho más barato.

Pero detrás del alivio momentáneo hay un diagnóstico incómodo: México reaccionó tarde.

Durante años se permitió la entrada masiva de azúcar y jarabes importados —principalmente de Estados Unidos— sin evaluar el impacto que tendría para los productores nacionales.

Ahí están las cifras:

  • México solía exportar un millón de toneladas; el año pasado apenas colocó 400 mil.

  • A cambio, entraron al país 700 mil toneladas de azúcar extranjera y cerca de un millón de toneladas de jarabe, desplomando los precios internos.

Este desbalance, reconocido por el propio Verástegui, no fue casual: se convirtió en un negocio que benefició a grandes comercializadores mientras estrangulaba al campo cañero.

Ahora, con los aranceles, los productores esperan recuperar el control mínimo del mercado.

En el caso del Ingenio de El Mante, del Grupo Pantaleón, la expectativa es una producción de 1.8 a 1.9 millones de toneladas para el ciclo 2025–2026, que arranca el 22 de noviembre.

La recuperación tras cinco años de sequía podría permitir incluso rozar las 2 millones de toneladas, si las condiciones acompañan.

Sin embargo, la pregunta de fondo es otra:
¿Por qué el gobierno tuvo que imponer aranceles extremos para corregir un problema que pudo anticiparse con regulación y vigilancia?

Los aranceles son un parche necesario, pero temporal. El verdadero reto está en:

  • ordenar el mercado,

  • garantizar que los ingenios cumplan con reglas claras,

  • blindar a los pequeños productores,

  • y evitar que el país vuelva a caer en la dependencia de importaciones que derrumban los precios internos.

Por ahora, los cañeros confían y esperan. Pero el sector ya aprendió —a la mala— que las “soluciones milagro” duran poco cuando no se acompaña de una política agroindustrial seria.

El precio del azúcar subirá, sí.
La duda es si esta vez el país aprenderá la lección.

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