Rodolfo González San Miguel
Hace 100 años, Abelardo Rodríguez, gobernador de California, luego presidente de México, manejó juego, y producción y traslado de droga, en sociedad con la mafia de acuerdo a fuentes periodísticas.
Hace 100 años la complicidad se da. Acapulco nació gracias al lavado de dinero. Desde entonces, el tráfico de drogas implicó participación del ejército y corporaciones policiales para custodia de rutas y hacer llegar armamento al crimen organizado. Proporcionó protección, rutas y fuerzas de seguridad locales.
De contrabando de marihuana, armas, múltiples artículos diversos se llegó al gran negocio, cocaína y se perdió el control. Es tanto el dinero que se genera, que el crimen organizado logró comprar gobiernos. Es histórico: Al Capone; las 5 familias; en Italia; en el mundo, las mafias se imponen. “Plata o plomo”. Inician arriba y los de abajo quedan en estado de abandono.
El control territorial pasó de las manos del gobierno al narcotráfico a grado tal que es difícil diferenciar entre el gobierno y el crimen. El crimen es el verdadero poder en amplias franjas geográficas del país. Se está expuesto a diario a la extorsión, la que se autoriza o no se logra evitar desde los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Es evidente que se busca el control pues se da “golpes” a cabecillas destacados, pero ningún funcionario y político, ni hombre de negocios que se requieren para lavar dinero, son llevados a la cárcel y despojados de sus ilícitas ganancias.
Hace 35 años, a un costado de las carreteras a Matamoros y Reynosa, se vendía gasolina de manera libre, en envases de vidrio utilizados para el agua embotellada. Seguramente se entregaba cuota a las policías. El huachicol no es nuevo; la novedad es que se trata de gobiernos que no roban, no mienten, no traicionan al pueblo. Funcionarios, ejército y marina abusaron de sus posiciones de poder en fronteras, aduanas y puertos, una evasión fiscal masiva y saqueo contra el propio Estado no vista en cien años.