Quienes han de estar muy contentos y ahora tranquilos son los ex presidentes de México, tras las declaraciones hechas en la mañanera de este jueves por la presidente de la nación, Claudia Sheinbaum, quien precisó que no hay interés popular y por ende gubernamental de juzgar a exmandatarios.
Dejó en claro que el tema para no enjuiciar a ex presidentes de la República se basó en la baja participación popular a través de las consultas públicas, en donde votaron solo 6 millones de mexicanos, por lo que esa cifra inferior a otras libera los probables juicios de errores del pasado, o sea, ya fregaron.
Pero algo que también me dejó estupefacto y contento fue lo dicho en días pasados por la presidente de México: “Afirmó que en su gobierno no se tolerarán irregularidades en contratos públicos y negó cualquier tipo de influencia externa en los procesos de contratación, incluidos vínculos personales o políticos”.
Y fue más allá, “Ni Julio Sherer, ni mis hijos, ni mi marido, ni mis amigos, ni nadie; para ello tienen instrucción todos los servidores públicos de no recibir absueltamente a nadie”; “La mandataria rechazó que personas cercanas a ella tengan injerencia en la asignación de contratos. No toleraremos la corrupción, eso tiene que quedar muy claro, ya no hay impunidad”, subrayó.
Pues vaya sueño guajiro, ante el recordatorio de casos famosos de nepotismo y favoritismos en años recientes, como el de los hijos del señor López Obrador y de los amigos de estos y, que decir de las redes familiares en el Poder Judicial con las herencias de cargos en todo tipo de gobiernos.
Otro caso muy sonado es el de la familia Monreal en Zacatecas, donde la dinastía perdura como en la realeza, o la familia Tadeei, cuyos integrantes ocupan cargos de relevancia en la administración púbica u organismos “autónomos” como el de la presidenta del INE.
Y si le sigo ocuparé muchos espacios como este, en donde los ejemplos salpicarán, como lava en los volcanes activos, arrasando, con plena impunidad, contratos millonarios y puestos para los elegidos de los virreyes, como gubernaturas, alcaldías, regencias escolares, entre muchos muchos más.
Pero se vale soñar, como en el país de nunca jamás.
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