Director: Eduardo Vizcarra Cruz

miércoles 31 de diciembre de 2025

Barry toca tierra con fuerza entra por Tampico Alto Veracruz.

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Tampico Alto, Veracruz. A las 7 de la tarde, el cielo se tornó gris oscuro, casi negro. El viento, que hasta entonces se sentía como un suspiro inquieto del mar, se convirtió en un rugido que sacudió techos, ventanas y hasta la memoria de los más viejos del lugar. La tormenta tropical Barry había tocado tierra.

Con pasos de gigante, avanzó desde el Golfo, dejando una estela de olas altas, ráfagas que doblaban palmeras y un aire denso que olía a mar y electricidad. Las calles de Tampico y el sur de Tamaulipas se vaciaron poco a poco; lo que era un domingo cualquiera, con aroma a café y calma de fin de semana, se transformó en una jornada de alerta y resguardo.

Barry no llegó solo. Trajo consigo lluvias que caen sin descanso, como si el cielo llorara sobre el suelo agrietado de la región. En muchas casas, los abuelos miran el agua que sube por los patios mientras los niños se preguntan si mañana habrá clases. La respuesta ya la dio la Secretaría de Educación: el ciclo escolar concluye antes de tiempo para proteger a todos.

Mientras tanto, Protección Civil se moviliza, los pescadores aseguran sus lanchas y las familias tapan ventanas con lo que tienen a mano: láminas, madera, esperanza. La naturaleza recuerda su fuerza, y el noreste del país guarda la respiración.

Se pronostican lluvias torrenciales, crecidas de ríos, y un viento que parece hablar en un idioma ancestral. Pero también se pronostica algo más: la resiliencia de la gente del Golfo, acostumbrada a mirar la tormenta de frente y a levantarse después con el mismo ímpetu con que la lluvia azota el tejado.

Y mientras Barry avanza y poco a poco se debilita, en el Pacífico Flossie ya se fortalece, como si el clima nos recordara que el verano en México no solo trae sol y playa, sino también fuerza, agua… y un recordatorio de lo pequeños que somos ante la inmensidad del cielo.


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