Las llantas dejaron de rodar, los motores se apagaron y la carretera Victoria-Matamoros se transformó —una vez más— en una pausa forzada del dinamismo comercial de Tamaulipas. Esta vez, el motivo fue la protesta de productores de sorgo que, durante más de 30 horas, bloquearon el paso en uno de los corredores económicos más importantes del noreste del país.
Según estimaciones de la iniciativa privada y cámaras empresariales, el impacto económico de este bloqueo, sumado al cierre en el Puente Internacional Pharr, supera los 500 millones de pesos. La Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (CANACAR) informó a través de su cuenta de X que el movimiento convocado por el Frente Estatal de Productores Agropecuarios paralizó por completo el tránsito comercial, turístico y de servicios. A lo largo del asfalto, cientos de automovilistas quedaron varados, sin más opción que esperar… y perder.
Las pérdidas no son solo un dato frío. Son el reflejo de alimentos echados a perder, exportaciones detenidas, contratos incumplidos, jornales sin pagar y gasolina consumida en vano. “La actividad económica entre Tamaulipas y Texas se vio seriamente comprometida”, advirtió Abraham Rodríguez Padrón, presidente de la FECANACO, al señalar que la región depende en gran medida del flujo constante de mercancía industrial y agrícola a través del cruce de Pharr.
Rodríguez Padrón fue claro: aunque los productores tienen el derecho legítimo de exigir precios justos para su cosecha, los bloqueos carreteros lastiman a toda la cadena productiva. “Este tipo de acciones afectan tanto al comercio como a ciudadanos que nada tienen que ver con las decisiones del Gobierno federal”, afirmó.
La FECANACO estima que las pérdidas ascienden a entre 150 y 200 millones de pesos diarios, solo en la actividad comercial, sin contar el daño colateral a servicios y turismo.
Ayer por la tarde, el bloqueo a la altura de San Fernando fue levantado gradualmente luego de que autoridades lograron entablar diálogo con los manifestantes. Primero se permitió el paso a vehículos ligeros, y más tarde se restableció la circulación total.
Sin embargo, el golpe ya estaba dado. Y aunque los camiones volvieron a moverse y las carreteras se despejaron, en la memoria colectiva quedó el eco de una protesta que, más allá de los surcos del campo, sembró millones en pérdidas y una sensación de que, en Tamaulipas, basta una tranca en la carretera para poner en pausa toda una economía.