Director: Eduardo Vizcarra Cruz

sábado 16 de mayo de 2026

El Verde en Tamaulipas: entre la “narcopolítica” y el miedo a desaparecer

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El Partido Verde en Tamaulipas reconoció que las candidaturas “prestadas” provenientes de Morena terminaron debilitando su representación política. Ahora promete impulsar perfiles propios rumbo al 2027.

Las declaraciones de Karen Castrejón Trujillo en Reynosa dejaron ver mucho más que un simple mensaje de disciplina partidista.

En realidad, exhibieron el momento de tensión política que vive el Partido Verde rumbo al 2027 y el temor de convertirse nuevamente en un partido satélite sin identidad propia.

Cuando la dirigente nacional afirma que el PVEM no respaldará perfiles vinculados con investigaciones o señalamientos relacionados con la delincuencia, el mensaje parece correcto en el discurso. El problema es que llega tarde y en medio de una crisis nacional de credibilidad política donde prácticamente todos los partidos han sido señalados, en distintos momentos, por abrir espacios a personajes polémicos.

Y ahí está la primera contradicción.

Karen Castrejón intenta deslindar a los partidos diciendo que “el problema son las personas”. Pero en política los partidos sí tienen responsabilidad. Son ellos quienes postulan, negocian, protegen y muchas veces reciclan perfiles cuestionados mientras resulten electoralmente rentables.

La llamada “narcopolítica” no apareció sola.

Creció precisamente porque durante años los partidos privilegiaron operadores con poder territorial, capacidad financiera o influencia regional sin revisar seriamente sus antecedentes.

Por eso ahora el discurso de “seremos rigurosos” suena más a control de daños que a verdadera transformación ética.

Pero quizá lo más interesante ocurrió cuando el dirigente estatal Manuel Muñoz Cano reconoció públicamente que el Verde no volverá a postular “candidatos prestados” provenientes de Morena.

Traducido políticamente: el PVEM acepta que perdió identidad propia.

Y no solamente eso.

Acepta también que terminó funcionando como vehículo electoral temporal para personajes que utilizaron las siglas verdes como trampolín político antes de regresar al partido dominante.

Eso explica por qué el Verde quedó debilitado en el Congreso de Tamaulipas.

La confesión de Muñoz Cano es brutal porque desnuda una práctica que durante años se volvió común en muchos estados: partidos pequeños prestando candidaturas a figuras externas únicamente para sobrevivir electoralmente.

El problema es que esa estrategia puede dar votos… pero destruye estructura.

Hoy el Verde intenta corregir justamente eso: dejar de ser un simple aliado ornamental de Morena para construir cuadros propios que realmente respondan al partido.

Sin embargo, ahí aparece otro dilema.

El PVEM quiere autonomía política, pero al mismo tiempo confirma que mantendrá la alianza con Morena y PT rumbo a 2027 y 2028.

Es decir: quiere identidad propia sin separarse del poder dominante.

Y esa es una ecuación complicada.

Porque mientras Morena siga concentrando la fuerza electoral nacional, muchos partidos aliados corren el riesgo de quedar absorbidos políticamente, perdiendo narrativa, liderazgo y estructura territorial propia.

En Tamaulipas el caso adquiere todavía más relevancia por la mención directa de Maki Esther Ortiz Domínguez como una de las “cartas fuertes” del Verde.

El mensaje no fue accidental.

Aunque Karen Castrejón evitó hablar abiertamente de candidaturas, el simple hecho de posicionar públicamente a Maki dentro del escenario rumbo al 2028 confirma que el PVEM comienza a mover piezas anticipadamente en Tamaulipas.

Y eso inevitablemente generará ruido dentro de Morena.

Porque aunque hoy sean aliados, la disputa real por candidaturas futuras apenas comienza.

Todos los partidos aliados hablan de unidad mientras internamente empiezan a medir fuerza, construir estructuras y posicionar aspirantes.

El Verde no es la excepción.

Por eso el discurso de “blindar candidaturas” y “fortalecer estructuras municipales” tiene una lectura mucho más política que administrativa.

El partido sabe que si quiere sobrevivir más allá de Morena necesita dejar de depender de candidatos externos y comenzar a construir una base propia.

El problema es que el tiempo juega en contra.

Porque en la política mexicana los partidos satélite suelen crecer a la sombra del poder… pero también suelen desmoronarse cuando intentan caminar solos.

La gran pregunta es si el Verde realmente busca independencia política o solamente negociar mejor su lugar dentro de la alianza oficialista.

Y en Tamaulipas, esa respuesta podría empezar a definirse mucho antes del 2027.

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