Director: Eduardo Vizcarra Cruz

martes 05 de mayo de 2026

En un acto inédito de fe y memoria obispo de Victoria oficia misa en honor a madres fallecidas.

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Un hecho inédito en Ciudad Victoria. El obispo Óscar Efraín Villarreal Tamez ofició una misa en honor a las madres que ya partieron. Un reconocimiento a su amor, su fe… y su legado que sigue vivo.

En un hecho sin precedentes en la Diócesis de Ciudad Victoria, el obispo Óscar Efraín Villarreal Tamez presidió una misa especial en honor a las madres fallecidas, reconociendo su papel fundamental como formadoras de fe y pilares en la vida familiar y espiritual.

Durante la homilía, el prelado reflexionó sobre el profundo significado del amor materno, especialmente en contextos como la vocación sacerdotal, donde —señaló— las madres enfrentan el desafío de “dejar ir” a sus hijos por amor y fe.

Inspirado en el Evangelio, destacó que el amor verdadero implica generosidad y entrega, no como abandono, sino como plenitud. “Si me amaran, se alegrarían de que me vaya”, citó, al explicar que ese desprendimiento se asemeja al orgullo y gozo que una madre experimenta al ver a sus hijos realizarse.

Reconoció también la carga emocional que conlleva ser madre de un sacerdote, marcada por la preocupación constante y la distancia, pero sostenida por una fe profunda y una caridad que trasciende lo cotidiano.

“Muchas veces las madres rezan más por sus hijos que nosotros mismos por nuestra vocación”, expresó, al subrayar el papel silencioso pero esencial de las madres en el acompañamiento espiritual.

El obispo agradeció a las madres presentes y, de manera especial, a aquellas que ya han fallecido, a quienes definió como “reflejo del amor de Dios” y primeras formadoras en la vida cristiana.

“Gracias por enseñarnos lo que es el amor verdadero, por ser el primer testimonio de fe y por haber entregado a sus hijos a la Iglesia”, manifestó.

La celebración litúrgica no solo rindió homenaje a las madres que ya no están físicamente, sino que también reafirmó su legado espiritual en la vida de la Iglesia, destacando que su amor y enseñanza continúan presentes en quienes hoy ejercen su vocación.

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