Toneladas de peces muertos flotan y se descomponen en el sistema lagunario del sur de Tamaulipas y norte de Veracruz, mientras la pregunta clave sigue sin respuesta: ¿qué está provocando esta crisis ambiental? ¿cuál es la causa de la muerte de miles de peces en el estero y la laguna de Mata de la Monteada, en el municipio de Pánuco, Veracruz?
Hace apenas cinco días se hablaba de decenas o, en el mejor de los casos, cientos de ejemplares sin vida. Hoy, la cifra ha escalado a toneladas de peces en descomposición, con el consecuente riesgo sanitario que esto implica para la población.
Hasta ahora, la respuesta a la contingencia se ha limitado a la recolección de los peces y su disposición en fosas cubiertas con cal. En estas labores participan Comapa Sur, Comapa Altamira y habitantes de la comunidad; sin embargo, la cantidad por retirar sigue siendo indeterminada y rebasa la capacidad de respuesta inmediata.
La mortandad —que algunos ya consideran la más grave en décadas— anticipa un impacto severo en la actividad pesquera, con efectos directos en la economía de las familias que dependen de este sistema lagunario.
Entre las posibles causas, especialistas y actores locales señalan un alto gradiente de salinidad en zonas aguas abajo de los diques, particularmente en áreas de agua salobre. No obstante, ninguna autoridad de los tres órdenes de gobierno ha emitido, hasta el momento, un posicionamiento técnico claro que confirme o descarte esta hipótesis.
Cabe recordar que el sistema lagunario del sur de Tamaulipas y norte de Veracruz ha sufrido alteraciones significativas desde la crisis hídrica de 2024. A pesar de que entonces se anunciaron estudios y monitoreos para evaluar sus condiciones, muchos de estos no se han concretado o, al menos, no han sido transparentados.
El área afectada se ubica en una zona crítica: el punto de transición entre las lagunas que reciben influencia de la pleamar a través del río Pánuco y la reserva de agua dulce alimentada por el sistema Guayalejo–Tamesí. Este equilibrio es clave para la vida acuática, y cualquier alteración puede tener consecuencias de gran escala.
Por ello, este hecho exige una investigación a fondo. No es válido —ni ética ni institucionalmente— que las autoridades permitan que la incertidumbre y la especulación ocupen el lugar de la información técnica y oportuna.