Director: Eduardo Vizcarra Cruz

martes 21 de abril de 2026

Pasadizos bajo la sierra tamaulipeca: el hallazgo que nadie está investigando

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En Tamaulipas se presume turismo, rutas y promoción internacional por la Copa Mundial de la FIFA 2026, pero no se protege lo más valioso: su historia.

En el norte de Tamaulipas, donde el mapa se vuelve montaña y silencio, la tierra volvió a hablar. Pero esta vez, el problema no es lo que revela… sino lo que el Estado decide ignorar.

Un grupo de jóvenes excursionistas encontró una grieta en el ejido El Mulato, en el municipio de Burgos. Descendieron. Lo que parecía una pequeña cavidad resultó ser la entrada a una red de pasadizos subterráneos en la sierra de San Carlos en Tamaulipas, una de las zonas con mayor riqueza arqueológica del noreste del país.

Bajaron cinco metros. Caminaron entre corredores estrechos, oscuros, con alturas superiores a los dos metros. Avanzaron durante diez minutos hasta que un obstáculo natural les impidió continuar.

No había equipo especializado.
No había guía.
No había autoridad.

Decidieron regresar.

Y con ellos regresó también una pregunta incómoda:
¿cómo es posible que un hallazgo de esta magnitud dependa de excursionistas y no de una política científica del Estado?

La sierra de San Carlos acumula más de 4 mil 900 pinturas rupestres, algunas con hasta cinco mil años de antigüedad. Figuras humanas, fauna, escenas de caza y posibles registros astronómicos que colocan a la región como un punto clave para entender la presencia humana en el noreste de México.

No es un dato menor.
Es patrimonio histórico.

Y aun así, el abandono es evidente.

Hasta ahora no existe una exploración oficial de estos túneles. No hay registro arqueológico, ni delimitación, ni protección. Tampoco un posicionamiento claro del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la instancia responsable de investigar, preservar y resguardar el patrimonio cultural del país.

El vacío institucional no sólo retrasa el conocimiento. También abre la puerta al saqueo, al deterioro y a la pérdida irreversible de información histórica.

Porque lo que no se estudia… se pierde.

En Burgos, promotores culturales y habitantes llevan años señalando la relevancia de la zona. Han visto llegar investigadores, visitas oficiales, recorridos esporádicos. Pero no hay continuidad. No hay proyecto integral. No hay presencia permanente del Estado.

Lo que sí hay es discurso.

Tamaulipas sigue siendo contado, desde el centro del país, a partir de la violencia, las rutas del crimen o las crisis de seguridad. Pero hay otra historia, más antigua, más profunda y más incómoda: la de un territorio con riqueza arqueológica que no ha sido prioridad institucional.

La omisión también es una forma de abandono.

Y en este caso, el abandono tiene consecuencias científicas, culturales y hasta económicas.

Porque mientras el mundo invierte en turismo histórico y preservación del patrimonio, aquí los descubrimientos siguen dependiendo del azar… o del valor de un grupo de jóvenes que decidió descender por una grieta.

La sierra de San Carlos ha demostrado una y otra vez que guarda memoria.

Lo que falta es que alguien en el poder decida escucharla.

En la intimidad…

Mientras en la sierra de San Carlos los hallazgos ocurren sin acompañamiento institucional, el discurso oficial avanza en otra dirección: la promoción turística.

La Secretaría de Turismo de Tamaulipas impulsa Las Rutas del Fútbol de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026, con paquetes que buscan atraer visitantes que llegarán a sedes como Monterrey y Ciudad de México.

La estrategia incluye destinos de playa, naturaleza y cultura. El mensaje es claro: Tamaulipas quiere mostrarse al mundo.

Pero hay una contradicción de fondo.

¿Cómo se puede promover el turismo cultural cuando no se protege, ni se investiga, ni se dimensiona el patrimonio que podría sostenerlo?

El secretario Benjamín Hernández Rodríguez habla de experiencias, de identidad, de historia.

La realidad, en cambio, muestra pasadizos sin explorar.

Montañas sin estudio.

Y vestigios que siguen esperando.

Quizá algún día las rutas turísticas incluyan la sierra de San Carlos.

Pero para entonces, la pregunta será otra:

¿qué tanto de esa historia seguirá intacta… y qué tanto ya se habrá perdido por omisión?

Porque en Tamaulipas no sólo hay una deuda con la seguridad.

También hay una deuda con la memoria.

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