
La muerte de un adulto mayor en situación de calle, registrada en Tampico durante el paso del frente frío número 30, volvió a exhibir la fragilidad de las políticas públicas de atención a personas en extrema vulnerabilidad en Tamaulipas, particularmente ante fenómenos climáticos previsibles.
De acuerdo con el coordinador estatal de Protección Civil, Luis Gerardo González de la Fuente, el deceso fue reportado el lunes en la colonia Tancol, donde el hombre fue localizado sin vida debajo de unas gradas, oculto entre acumulación de basura. La persona no fue detectada durante los recorridos preventivos, a pesar de que desde días antes se había emitido alerta por bajas temperaturas.
“Se realizaron recorridos, pero la persona no fue localizada; estaba en una zona de difícil visibilidad”, reconoció el funcionario.
El caso reabre el debate sobre la eficacia real de los operativos de atención durante contingencias invernales, así como sobre la obligación del Estado de garantizar el derecho a la vida, a la salud y a una vivienda digna, especialmente para quienes viven en condiciones de calle y exclusión social.
Aunque Protección Civil aseguró que no se han registrado otros fallecimientos ni casos de hipotermia, la muerte de una sola persona por exposición al frío es, desde una perspectiva de derechos humanos, un hecho grave y evitable. La previsibilidad del fenómeno climático y la reiteración anual de estos escenarios obligan a revisar la profundidad, cobertura y alcance de las acciones institucionales.
Hasta la mañana de este miércoles, 53 personas permanecían en refugios temporales en al menos 12 municipios del estado, con mayor concentración en Nuevo Laredo, Matamoros y la zona sur. Sin embargo, el fallecimiento ocurrido en Tampico demuestra que no todas las personas en riesgo están siendo alcanzadas por los esquemas de protección.
Autoridades estatales señalaron que aún deberá determinarse si la causa de la muerte estuvo directamente relacionada con las bajas temperaturas o con padecimientos previos. No obstante, organizaciones defensoras de derechos humanos han insistido en que la condición de calle, por sí misma, constituye un factor de riesgo que exige acciones diferenciadas, permanentes y no sólo reactivas.
El frío no mata por sí solo: lo hacen la pobreza extrema, la exclusión y la ausencia de políticas públicas integrales que prioricen la dignidad humana, incluso —y sobre todo— en contextos de emergencia.