La conducta pública y la respuesta institucional de Rommel Faustino Martínez Flores, director de Protección Civil de Altamira, han encendido alertas que ya no pueden minimizarse.
Su falta de control emocional, intolerancia a la crítica y ausencia de empatía tras la muerte de dos niñas en un incendio ocurrido el pasado fin de semana en el sur de Tamaulipas, obligan al alcalde Armando Martínez Manríquez a evaluar seriamente su continuidad en el cargo.
Lejos de asumir una postura de responsabilidad, Martínez Flores reaccionó con confrontación ante los cuestionamientos ciudadanos y mediáticos, en un contexto marcado por el dolor, la exigencia de explicaciones y la necesidad de rendición de cuentas.
La actitud mostrada no solo agravó la indignación social, sino que evidenció una carencia de liderazgo en una dependencia cuya función principal es prevenir, proteger y responder con sensibilidad ante tragedias humanas.
A esta reacción se suma un problema de fondo: la falta de protocolos eficaces, la deficiente capacidad de respuesta y la nula disposición para transparentar procedimientos y decisiones. Omisiones que, tratándose de Protección Civil, no son administrativas, sino potencialmente fatales.
El desempeño del funcionario se aleja de los principios de humanismo, responsabilidad pública y cercanía social que el gobernador Américo Villarreal Anaya ha señalado como eje de su gobierno.
En situaciones de emergencia, la autoridad no puede permitirse soberbia ni improvisación; debe haber temple, empatía y claridad operativa.
Y es que dos niñas, identificadas como Michel y Karine, de cinco y tres años respectivamente, fallecieron a consecuencia de un incendio registrado en una vivienda del fraccionamiento Canarios, en el municipio de Altamira.
El incendio registrado la noche del sábado, habría sido provocado por un presunto cortocircuito que derivó en una descarga eléctrica al interior del domicilio, donde se encontraban las menores al momento del incidente.