
Hoy no nos convoca el silencio de una despedida, sino la presencia viva de un hombre que sigue habitando en cada palabra valiente, en cada verdad dicha sin miedo y en cada conciencia que ayudó a despertar.
Nos reúne la vida de Don Heriberto Deándar Martínez, un hombre que no solo hizo periodismo, sino que lo convirtió en carácter, en dignidad y en servicio.
Hablar de él no es hablar del pasado. Es hablar de una raíz que sigue sosteniendo a generaciones enteras. Fue editor, maestro, referente y, sobre todo, un ser humano que entendió que la verdad no se negocia y que la palabra solo tiene sentido cuando se pone al servicio de la gente.
Hoy estamos aquí no para llorar su ausencia, sino para honrar una presencia que permanece: en su obra, en su legado, en su familia y en cada página que ayudó a escribir con valentía. Porque hombres como él no se van del todo; se quedan como columnas que sostienen la memoria y el rumbo.
En este espacio de recogimiento y gratitud, abramos el corazón para despedir a un hombre grande, a un padre amoroso y a un roble que dio sombra, fuerza y camino. Que este encuentro sea también un acto de compromiso: seguir defendiendo la verdad con la misma dignidad con la que él enfrentó la vida. QEPD que brille para él la luz perpetua Amén.