Director: Eduardo Vizcarra Cruz

jueves 01 de enero de 2026

Paquete Fiscal 2026: estabilidad financiera… con márgenes de control político

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Sin nuevos impuestos, pero con reasignación de 230 mdp a costa de órganos autónomos.

La aprobación del Paquete Fiscal del Gobierno de Tamaulipas para el ejercicio 2026, por un monto superior a 81 mil millones de pesos, confirma una línea de continuidad en la política hacendaria estatal: disciplina financiera, crecimiento moderado y control del gasto, pero también abre el debate sobre los límites reales de la austeridad y la reasignación de recursos.

En términos macro, el dato central es claro. La Ley de Ingresos 2026 proyecta 81 mil 15 millones de pesos, lo que representa un incremento del 4.72% respecto al ejercicio anterior. No es un crecimiento explosivo, pero sí consistente con un escenario de prudencia fiscal, sostenido —según el discurso oficial— en eficiencia administrativa y coordinación con la Federación.

Sin embargo, el verdadero mensaje político y financiero del paquete no está solo en el monto total, sino en la reasignación de 230 millones de pesos provenientes de entes autónomos, recursos que serán canalizados a educación y apoyo al campo. Aunque el Congreso subraya que esta decisión no afecta la autonomía ni la operatividad de dichos organismos, el ajuste deja ver una tendencia clara: el Legislativo se asume como actor redistribuidor del gasto, incluso en áreas tradicionalmente blindadas.

Desde la óptica financiera, la reasignación es menor frente al total del presupuesto, pero simbólica en términos de control presupuestal. Marca un precedente sobre hasta dónde puede llegar la revisión del gasto de los órganos autónomos en contextos de restricción fiscal.

En materia tributaria, el mensaje fue políticamente calculado: no hay nuevos impuestos estatales ni municipales. Las reformas a la miscelánea fiscal se presentan como ajustes técnicos orientados a modernizar la legislación, fortalecer la recaudación y mantener un sistema “progresivo y equitativo”, sin impactar la economía familiar.

En un año previo a ciclos electorales locales y federales, el rechazo a nuevos gravámenes es también una decisión de costo político cero.

El Congreso también aprobó las Leyes de Ingresos de 13 municipios, con un punto clave: la eliminación de conceptos de cobro que son competencia federal, en apego a criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aquí hay una corrección jurídica necesaria, pero también un reconocimiento implícito de prácticas recaudatorias que, durante años, se sostuvieron al límite de la legalidad.

Adicionalmente, se ajustaron y redujeron derechos considerados excesivos, una medida que busca contener la presión sobre las finanzas familiares, aunque deja abierta la interrogante sobre cómo compensarán los municipios esos ingresos que dejan de percibir.

En el gasto, el Presupuesto de Egresos 2026 se define como austero, responsable y con sentido social, priorizando educación, salud, seguridad pública y desarrollo rural. La narrativa es conocida y políticamente correcta. El reto, como cada año, no estará en la aprobación del presupuesto, sino en su ejecución real, en la capacidad de traducir cifras en resultados y de evitar subejercicios o reasignaciones discrecionales.

En síntesis, el Paquete Fiscal 2026 garantiza estabilidad financiera y certidumbre tributaria, pero también refleja un modelo donde el control del gasto y la redistribución selectiva de recursos se consolidan como herramientas de gobernabilidad. No hay sobresaltos fiscales, pero sí señales claras de cómo se administra el poder presupuestal en Tamaulipas.

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