En el norte de México el agua ya no es un recurso: es un conflicto político en curso. Y Tamaulipas lo vive en carne propia. Mientras la región enfrenta una de las peores sequías de su historia reciente, el país se alista para entregar más de 249 millones de metros cúbicos de agua a Estados Unidos, aun cuando las presas internacionales que sostienen el sistema binacional están prácticamente vacías.
La Presa Internacional Falcón, pieza clave del acuerdo hídrico, se encuentra apenas al 3 por ciento de su capacidad, con poco más de 40 millones de metros cúbicos disponibles. La Presa La Amistad no está mucho mejor: 10 por ciento, 179 millones de metros cúbicos. Son cifras que no admiten matices ni discursos tranquilizadores. Son números de emergencia, no de normalidad operativa.
Sin embargo, la respuesta institucional no ha sido replantear el modelo ni abrir una discusión nacional sobre la viabilidad del Tratado de Aguas de 1944 en un escenario de cambio climático extremo, sino buscar agua donde todavía quede, aunque no sobre. Así, la presión se traslada a presas nacionales como El Cuchillo, concebida para abastecer a Monterrey, no para cubrir déficits históricos del sistema binacional.
El mensaje político es claro —y preocupante—: México cumplirá, aunque le cueste internamente. Cumplirá aun cuando regiones agrícolas pierdan ciclos productivos. Cumplirá aunque distritos de riego como el 025 enfrenten restricciones severas. Cumplirá mientras las presas internacionales se convierten en símbolos de una planeación hídrica agotada.
Desde el discurso oficial se insiste en que el agua para consumo humano está garantizada en municipios fronterizos como Reynosa, Matamoros o Nuevo Laredo. La frase se repite como mantra, pero evita una pregunta incómoda: ¿garantizada con qué reservas y por cuánto tiempo? Porque garantizar hoy con presas al mínimo es, en el mejor de los casos, una apuesta política, no una certeza técnica.
Hay un elemento que no se quiere decir en voz alta: el tratado no es intocable. Fue firmado en 1944, cuando la disponibilidad de agua, la población y el clima eran otros. El propio acuerdo contempla circunstancias extraordinarias, pero México parece haber renunciado a usar esos mecanismos, prefiriendo una diplomacia hídrica sumisa y silenciosa, más preocupada por no incomodar que por defender a sus regiones.
Tamaulipas, como otros estados del norte, paga el costo de esa inercia. Paga con presas vacías, con incertidumbre agrícola, con tensión social latente. Y paga también con una narrativa oficial que pide comprensión, ahorro y paciencia, mientras el agua cruza la frontera como si nada hubiera cambiado.
El agua ya no es solo un tema ambiental. Es soberanía, seguridad y gobernabilidad. Seguir entregando volúmenes que el país ya no tiene no es cumplimiento responsable: es trasladar el problema al futuro, confiando en que alguien más —otro gobierno, otra generación— lo resuelva.
En Tamaulipas el nivel del agua no solo baja en las presas. Baja también el margen de error. Y cuando el agua se acaba, la política deja de ser discurso y se convierte en conflicto.
“La montaña se abrió y la fe se hizo gigante: así nació la Virgen de la Misericordia en El Chorrito”
El camino hacia El Chorrito comenzó temprano, con la sierra respirando una neblina tenue que parecía anunciar lo que estaba por venir. Desde kilómetros antes, los peregrinos avanzaban a pie, otros en camionetas adornadas con listones blancos; todos con un mismo propósito: presenciar el nacimiento de un nuevo símbolo en Tamaulipas.
En lo más alto del poblado, elevándose sobre la roca viva de la Sierra Madre, la monumental Virgen de la Misericordia esperaba para ser inaugurada. Treinta y dos metros de altura, mirada serena —con pupilas que, cuentan, fueron bendecidas por el papa León XIV— y un manto que parecía abrazar al viento.
La música de viento abrió paso al gobernador Américo Villarreal Anaya, acompañado de la doctora María de Villarreal. A su llegada, el murmullo se convirtió en aplauso: la multitud —familias enteras, adultos mayores, jóvenes con escapularios colgando del cuello— buscaba un buen sitio para ver el momento histórico.
El obispo de Ciudad Victoria, Óscar Efraín Tamez Villarreal, tomó su lugar frente al altar improvisado. Antes de iniciar la bendición, pidió silencio. A su voz, incluso el viento pareció detenerse.
—Que esta Virgen sea refugio, consuelo y esperanza, —pronunció.
Y cuando el agua bendita tocó el pedestal, una mujer rompió en llanto. A su lado, un niño levantó una pequeña figura de yeso, imitando el gesto del obispo. Fue uno de esos instantes que ningún discurso planea, pero que llenan de sentido a una comunidad.
El gobernador Villarreal habló después, consciente de que estaba frente a un momento que mezclaba fe, identidad y territorio. Dijo que la nueva imagen será un punto de encuentro, un motor de turismo religioso y un recordatorio de la paz que se trabaja día con día.
—Tamaulipas es tierra de valores, de unión y de esperanza, —expresó.
A su alrededor, la sierra respondía con eco.
Mientras avanzaba el recorrido oficial, las mujeres de la comunidad ofrecían café de olla y pan dulce; los comerciantes mostraban recuerdos recién hechos: estampas, llaveros, pequeños mantos. Era evidente que el símbolo ya estaba cumpliendo otra misión: activar la economía local.
La mirada de la Virgen dominaba todo. Imponente. Protectora. Un nuevo faro espiritual para quienes cada 12 de diciembre recorren el camino hacia El Chorrito, lugar donde la fe no solo se practica… se vive.
La tarde cerró con un cielo naranja. Y mientras los últimos peregrinos encendían veladoras, quedó claro que, más allá del acto oficial, la comunidad había adoptado a su gigante.
Así, entre montañas, rezos y aplausos, Tamaulipas inauguró no sólo una obra monumental… sino una nueva historia.
Con brigada navideña, Américo Villarreal y DIF Tamaulipas fortalecen unión comunitaria
En un ambiente de cercanía y solidaridad, el gobernador Américo Villarreal Anaya y la presidenta del DIF Tamaulipas, María de Villarreal, encabezaron la Brigada Navideña Transformando Familias en el poblado Higuerillas, municipio de Matamoros, donde convivieron con familias de comunidades rurales y acercaron servicios y apoyos de manera gratuita.
Durante el evento, el Gobernador pidió un minuto de aplausos en memoria del doctor Juan Guillermo Mansur Arzola, reconociendo su labor y compromiso al servicio de las y los tamaulipecos. Asimismo, destacó que el crecimiento del Puerto del Norte abre oportunidades de desarrollo para la región, con acciones concretas como nuevas viviendas, una ambulancia para el Centro de Salud y la rehabilitación del muelle.
Las familias accedieron a servicios de distintas dependencias estatales y federales, además de disfrutar de una convivencia navideña con regalos y apoyos alimentarios, reafirmando el compromiso humanista del Gobierno del Estado y del Sistema DIF Tamaulipas de estar cerca de quienes más lo necesitan.
En temas universitarios les diremos que el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, destacó un hecho histórico para la máxima casa de estudios al alcanzar el 100 % de acreditación de calidad en la totalidad de sus programas educativos.
Este logro, resultado de una estrategia integral de evaluación académica y mejora continua impulsada durante los últimos dos años, garantiza que todas y todos los estudiantes de la UAT cursen programas reconocidos por su calidad, pertinencia y actualización.
El avance fue posible gracias al trabajo coordinado de directoras, directores, personal docente y administrativo, así como al respaldo del Gobierno del Estado, consolidando a la UAT como una institución comprometida con la excelencia académica y la transformación educativa en Tamaulipas.
En el norte de Tamaulipas la alcaldesa de Nuevo Laredo, Carmen Lilia Canturosas Villarreal consolida una política pública de bienestar y sostenibilidad al invertir más de 30 millones de pesos en obras de infraestructura hídrica y sanitaria que atienden rezagos históricos y fortalecen la salud pública en Nuevo Laredo.
Durante una gira de entrega de obras, la presidenta municipal destacó que su gobierno continuará priorizando la rehabilitación de drenajes sanitarios y colectores pluviales, especialmente en colonias que por años demandaron soluciones de fondo. Estas acciones mejoran la movilidad urbana, previenen inundaciones y brindan tranquilidad a las familias neolaredenses.
Las obras realizadas en colonias como Hipódromo y Guerrero incluyen la sustitución integral de tuberías, descargas domiciliarias, líneas de agua potable, banquetas y repavimentación, además de infraestructura pluvial de gran capacidad. “Gobernamos con responsabilidad, planeación y compromiso social”, afirmó la alcaldesa.
En la Capital de Tamaulipas hay consternación en la clase política por el lamentable fallecimiento del doctor Juan Manzur Arzola, víctima de un accidente automovilístico cuando se dirigía a cumplir con su trabajo como director del Instituto tamaulipeco de Becas, Estímulos y Créditos Educativas en una gira de trabajo del gobernador Américo Villarreal en el poblado Las Higuerillas municipio de Matamoros.
Desde esta tribuna expresamos nuestras más sinceras condolencias a su familia, amistades y colaboradores. Descanse en paz. 🕊️
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