El nombramiento de Francisco García Cabeza de Vaca como representante del Partido Acción Nacional en América del Norte no sólo resulta políticamente desafortunado, sino revelador de la estrategia que el blanquiazul ha decidido seguir: cerrar filas en torno a un personaje severamente cuestionado en el ámbito moral, político y judicial.
En la mañanera legislativa, Humberto Prieto Herrera, presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del Estado, recordó que apenas hace unos días presentó una denuncia contra el exgobernador de Tamaulipas ante la Fiscalía General de la República. Desde esa óptica, el nombramiento no sorprende; confirma, más bien, que el PAN continúa apostando por la protección de perfiles con cuentas pendientes con la justicia
El líder del Congreso rechazó que se trate de persecución política. Aseguró que quienes abandonaron el país lo hicieron no por sus ideas, sino por investigaciones abiertas y responsabilidades no aclaradas. “No son otros tiempos, ya no hay perseguidos políticos en México; hay personas que decidieron irse porque tienen cuentas pendientes”, subrayó.
Recordó además que no es la primera vez que el PAN intenta blindar a García Cabeza de Vaca: hace apenas dos años buscó convertirlo en diputado federal plurinominal, con el claro propósito de regresarlo al país bajo el amparo del fuero constitucional. Para Prieto Herrera, ese antecedente retrata el nivel de cinismo político con el que hoy se presenta este nuevo encargo partidista, al que calificó como un nombramiento sin peso ni legitimidad real.
Desde su perspectiva, el cargo servirá únicamente como argumento para justificar la ausencia del exgobernador en México, bajo el pretexto de una agenda internacional y de “relaciones públicas” al servicio del PAN. Un escenario que, advirtió, abre la puerta a que se difundan narrativas críticas o negativas sobre el país desde el extranjero, algo que choca directamente con el marco constitucional mexicano.
Prieto Herrera recordó que la Constitución es clara al prohibir a nacionales recurrir a instancias o gobiernos extranjeros para intervenir o hablar de los asuntos internos del país. En ese contexto, cuestionó también la doble narrativa del propio Cabeza de Vaca, quien se ha asumido públicamente como ciudadano estadounidense, pese a haber ocupado cargos públicos en México, situación que ya ha sido señalada —incluso desde la Cámara de Diputados— como producto de presuntas irregularidades en documentos oficiales.
Más allá del nombramiento, el mensaje político de fondo es inquietante: el PAN no sólo normaliza la ausencia de uno de sus cuadros más polémicos, sino que lo proyecta como interlocutor internacional mientras en México persisten señalamientos graves en su contra. Una decisión que, lejos de fortalecer al partido, profundiza la percepción de que Acción Nacional prefiere la protección política antes que la rendición de cuentas.