Director: Eduardo Vizcarra Cruz

miércoles 31 de diciembre de 2025

Ciudad Victoria marcha por la paz: voces que rompen el silencio

Facebook
X
WhatsApp
Email
Print
Cientos de familias, jóvenes y organizaciones se unieron este domingo para exigir seguridad, reconstrucción del tejido social y una ciudad donde se pueda vivir sin miedo.

Ciudad Victoria amaneció este domingo con un tono distinto. No hubo consignas políticas ni banderas partidistas. Lo que reunió a familias, jóvenes, líderes comunitarios y organizaciones civiles fue una causa más profunda y urgente: la paz, esa palabra que en Tamaulipas dejó de ser concepto para convertirse en necesidad.

Convocados por el movimiento Diálogo Nacional por la Paz, cientos de victorenses caminaron desde el centro de la ciudad para recordar que la violencia no es una estadística, sino una herida viva. El acto se inscribió en la Agenda Nacional por la Paz, un esfuerzo surgido en 2023 tras el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en Chihuahua, crimen que detonó un proceso de reflexión comunitaria en todo el país.

«La paz empieza por escucharnos»

La primera voz fue la de Lucy Lara, representante del movimiento en Tamaulipas. Frente a una multitud silenciosa, recordó que esta iniciativa no nació de un escritorio, sino del dolor.

“Este movimiento surgió del sufrimiento… de quienes perdieron a alguien y jamás encontraron respuestas,” expresó.
Habló de la necesidad de reconstruir el tejido social desde lo más básico: mirarnos de nuevo, reconocernos como comunidad y recuperar al vecino, al prójimo, al otro que también duelen.

Llamó a las y los victorenses a integrarse a los conversatorios por la paz que ya se realizan en diferentes colonias desde 2023.

“La violencia no está solo afuera, también está adentro,” dijo, con una claridad que hizo asentir a muchos de los presentes.

La voz de la juventud: “La paz se volvió un lujo”

Uno de los momentos más potentes de la jornada llegó con el mensaje de una joven de la familia Samara Estrada, quien habló en nombre de la niñez y adolescencia.

“No vengo a dar un discurso bonito —advirtió—, vengo a hablar de algo que no tenemos.”
Su diagnóstico fue contundente: la violencia ya se normalizó, y eso hiere de forma distinta a quienes apenas comienzan a vivir.

Habló del miedo cotidiano, de la inseguridad que impide caminar tranquilos, del impulso social de grabar una pelea en lugar de ayudar, del vacío de empatía que va creciendo.

“Algo tan bonito como la paz se volvió un lujo que pocos se pueden dar,” dijo, mientras algunos padres abrazaban a sus hijos con discreción.

La joven también lanzó un llamado: enseñar a las nuevas generaciones que la paz son valores, no discursos. “Prometamos ser luz en la oscuridad,” pidió antes de convocar a un minuto de silencio que convirtió la plaza en un espacio suspendido, casi sagrado.

Un mismo paso, un mismo propósito

La marcha avanzó sin incidentes, con familias completas, adultos mayores, jóvenes de iglesias, maestros, colectivos y representantes de comunidades diversas. No hubo gritos, solo pasos.

En un estado marcado por años de dolor, desapariciones, desplazamientos y silencios impuestos, la caminata fue una afirmación colectiva: la paz también se construye desde la ciudadanía, desde abajo, desde lo cotidiano.

Ciudad Victoria, la que alguna vez presumió el lema “ciudad limpia, ciudad amable”, pareció reclamarse a sí misma ese espíritu.

Un cierre que abre preguntas

La jornada concluyó sin discursos triunfalistas. No los hubo porque nadie ignora la dimensión del reto. Pero sí quedó claro que algo empieza a moverse desde las comunidades, fuera de los reflectores políticos y lejos de las estadísticas oficiales.

La paz, como dijeron hoy, es un paso a la vez. Y Ciudad Victoria decidió dar uno.

PUBLICIDAD