
CIUDAD MADERO, TAM.— El Cabildo de Ciudad Madero aprobó este 28 de noviembre un Presupuesto de Egresos de 942 millones 247 mil pesos para 2026, una cifra que, aunque presentada por la administración municipal como un avance, confirma en realidad el estancamiento financiero que enfrenta el municipio desde hace al menos tres años.
Pese al discurso oficial encabezado por el alcalde Erasmo González Robledo, el análisis del comportamiento presupuestal revela una tendencia clara: Madero dejó de crecer.
Entre 2023 y 2024, el presupuesto municipal pasó de 942.2 millones a 912.7 millones de pesos, una caída nominal de 29.4 millones, equivalente a un retroceso del 3.12%.
Para 2025, el monto volvió a colocarse en los 942.2 millones, prácticamente el mismo nivel de dos años atrás, mientras que el aumento entre 2024 y 2025 fue de apenas 3.22%, insuficiente para compensar la inflación acumulada.
El presupuesto aprobado para 2026 repite la misma cifra con variaciones mínimas, lo que confirma que el municipio no ha logrado crecer en términos reales, ni consolidar estrategias de gestión que permitan fortalecer su hacienda pública.
Especialistas consultados señalan que este comportamiento, que en otras ciudades podría interpretarse como una política de contención responsable, en Ciudad Madero revela algo distinto: falta de planeación, ausencia de nuevos proyectos de inversión y una débil capacidad de gestión federal y estatal.
La administración de González Robledo tampoco ha presentado iniciativas innovadoras ni mecanismos para elevar la recaudación propia, modernizar catastros, atraer inversión o impulsar proyectos que justifiquen incrementos sustanciales en el presupuesto anual.
En consecuencia, Madero enfrenta un freno estructural en su crecimiento financiero, lo que limita su capacidad para atender demandas urbanas, mejorar infraestructura, modernizar servicios o emprender obras estratégicas.
Mientras el Cabildo celebra la aprobación del documento financiero, la realidad es que Ciudad Madero vive un estancamiento que se traduce en menos margen de maniobra, menos inversión pública y menos capacidad para responder a una ciudad que sí crece en población y en necesidades, aunque su presupuesto no lo haga.