Director: Eduardo Vizcarra Cruz

jueves 01 de enero de 2026

Generación Z: el nuevo pulso de un México cansado

Facebook
X
WhatsApp
Email
Print
Tamaulipas salió a las calles. Jóvenes de la Generación Z, familias y profesionistas marcharon en Victoria, Tampico, Reynosa y Matamoros para exigir seguridad, justicia y libertad.

Las marchas que se realizaron en Victoria, Tampico, Matamoros y Reynosa en apoyo a la Generación Z no fueron un acto aislado ni un arrebato juvenil. Fueron una demostración de que la fractura entre el Estado mexicano y sus ciudadanos se ha vuelto insostenible.

Lo más revelador no fue la protesta en sí, sino la composición humana detrás de ella: jóvenes, padres, profesionistas, comerciantes, maestros. Todos unidos por una misma línea transversal: la sensación de vivir en un país donde la vida vale cada vez menos y donde la política ha dejado de ofrecer respuestas.

Desde el templete improvisado se escucharon testimonios que resumen el momento que vive el país: hijos asesinados, amigos desaparecidos, negocios cerrados por extorsión. Eso no es discurso político: es duelo. Y cuando el duelo se organiza, se convierte en movimiento social.

El gobierno ha insistido en justificar su estrategia con estadísticas; la calle le está respondiendo con nombres y con historias.

“Los abrazos no han funcionado”, gritó un ciudadano. Y es cierto: el lema que alguna vez representó una esperanza hoy es un recordatorio incómodo de lo que no se logró contener.

Lo que incomoda al poder no es la queja, sino quién la está encabezando.

La Generación Z no reconoce los viejos códigos de lealtad partidista. No busca negociar, no pide permiso y no teme señalar. Es una generación que exige libertades, que cuestiona el discurso del odio y que no se deja etiquetar como “manipulada” cuando sale a manifestarse.

La respuesta social fue clara:


—No estamos marchando para favorecer a partidos.


—Estamos marchando porque estamos perdiendo nuestro país.

Lo que se vio en Tamaulipas es el síntoma de algo mayor: un país donde la ciudadanía dejó de esperar soluciones y empezó a construir su propia voz.

Y esa voz, para bien o para mal, ya no se va a callar.

PUBLICIDAD