
Los colapsos en la red de drenaje sanitario que hoy afectan a Tampico y Ciudad Madero no son un fenómeno nuevo ni un accidente de gestión. Son el resultado de décadas de omisión institucional y de la falta de mantenimiento a una infraestructura que literalmente se hunde bajo los pies de los habitantes del sur de Tamaulipas.
La diputada Úrsula Salazar Mojica, presidenta de la Comisión de Asuntos Municipales del Congreso del Estado, lo reconoció con claridad:
“Es como cuando rentamos una casa y nunca le dieron mantenimiento. Los drenajes de Tampico y Madero nunca tuvieron atención adecuada, y hoy vemos los colapsos y los socavones”.
La legisladora explicó que los diputados locales, al participar en el Consejo de Administración de la Comapa Zona Sur, han constatado personalmente el deterioro de la red de descarga y el impacto directo que tiene en las calles, colonias y servicios básicos.
Los socavones, hundimientos y fugas constantes no solo evidencian el desgaste físico de la infraestructura, sino también la deuda institucional acumulada de varios gobiernos municipales que optaron por administrar lo urgente y olvidar lo estructural.
Salazar Mojica reconoció que el problema está siendo atendido por el organismo operador del agua y por el Gobierno del Estado, pero advirtió que no existen soluciones inmediatas.
“Sabemos que la situación es grave, pero está en atención. No es algo que se pueda resolver de la noche a la mañana”, subrayó.
El reconocimiento es relevante, pero también incómodo: aceptar que los drenajes colapsan porque nunca se les dio mantenimiento equivale a admitir que las ciudades crecieron sin planeación ni previsión.
Tampico y Madero arrastran una paradoja común en muchas urbes mexicanas: el desarrollo urbano no vino acompañado de desarrollo subterráneo. Se pavimentaron calles, se ampliaron fraccionamientos, se levantaron edificios, pero bajo la superficie quedaron tuberías viejas, obsoletas y olvidadas.
La Comapa Zona Sur enfrenta ahora un doble reto: reparar lo que se destruyó por omisión y recuperar la confianza de una población que percibe la crisis como símbolo de abandono.
El discurso de la diputada suena a diagnóstico tardío pero necesario. Reconoce la magnitud del daño, pero también deja abierta la pregunta sobre la responsabilidad política acumulada: ¿quién permitió que el deterioro llegara a este punto?
Más allá de la coyuntura, el colapso del drenaje es también una metáfora del sistema urbano: si no se mantiene, se hunde. Y en el sur de Tamaulipas, ese hundimiento ya no es una figura retórica, sino un hecho visible en las calles.