Director: Eduardo Vizcarra Cruz

viernes 02 de enero de 2026

Matamoros: el vertedero espacial del progreso

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Playa Bagdad corre el riesgo de convertirse en el traspatio cormico del capitalismo tecnologico

La imagen de Playa Bagdad como destino turístico y pulmón ecológico del norte de Tamaulipas se está transformando en algo muy distinto: un vertedero silencioso del desarrollo aeroespacial.
Desde finales de 2024, fragmentos metálicos, materiales compuestos y restos de combustible provenientes de lanzamientos fallidos de la empresa Space X —propiedad de Elon Musk— han sido detectados en la costa matamorense, sin que exista una respuesta contundente por parte del Estado mexicano.

La reciente explosión del cohete Starship 11 volvió a poner el tema sobre la mesa. Ambientalistas reportaron la presencia de basura espacial en la playa y, más grave aún, la aparición de delfines muertos y otras especies marinas con signos inusuales.

La diputada morenista Elvia Eguía Castillo, presidenta de la Comisión de Recurso Hídrico del Congreso de Tamaulipas, denunció estos hechos desde tribuna y urgió la intervención de la PROFEPA, la SEMARNAT, la Secretaría de Marina (SEMAR) y la CONANP, recordando que ya se habían registrado eventos similares en noviembre de 2024, marzo y mayo de 2025.

“La llegada de estos residuos es una clara amenaza para la biodiversidad y fauna marina de Tamaulipas”, advirtió la legisladora, subrayando el carácter irreversible de los daños ambientales que estos materiales pueden causar.

Omisión local, lentitud federal

Mientras la diputada exige acción, el Ayuntamiento de Matamoros se mantiene en una postura meramente administrativa.

El alcalde Alberto Granados Fávila ha declarado que su gobierno “coadyuva” con las dependencias federales en labores de limpieza y resguardo de Playa Bagdad, reduciendo el problema a una cuestión de mantenimiento urbano.


No existen reportes públicos sobre estudios de impacto ambiental, protocolos de contingencia o gestión diplomática frente a Space X. Tampoco se ha informado si el municipio ha solicitado información a la Agencia Espacial Mexicana (AEM), que por ley debe supervisar el cumplimiento de los acuerdos internacionales en materia espacial.

En los hechos, Matamoros limpia lo que Space X deja, sin exigir compensación, medidas preventivas ni transparencia.

La omisión es doble: local por pasividad, federal por lentitud.

Un vacío legal en el cielo y el mar

México es firmante del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre (ONU, 1967) y de la Convención sobre Responsabilidad Internacional por Daños Causados por Objetos Espaciales (1972).

Ambos instrumentos establecen que los Estados —no las empresas— son responsables de los daños ocasionados por sus actividades espaciales, dentro o fuera de su territorio.


Sin embargo, la aplicación práctica de estos tratados en casos como el de Space X es casi inexistente. Las autoridades mexicanas no han reclamado formalmente al gobierno de Estados Unidos por los daños ambientales en el Golfo de México, a pesar de que los residuos han sido rastreados hasta lanzamientos efectuados desde Boca Chica, Texas, a menos de 40 kilómetros de la frontera.

En contraste, países como Australia, Canadá y Noruega han establecido protocolos claros para investigar y sancionar la caída de basura espacial extranjera en sus territorios. En México, el tema sigue diluido entre competencias federales, estatales y municipales, sin que nadie asuma una postura firme.

La frontera del abandono

El litoral tamaulipeco se encuentra así entre dos silencios: el del gobierno federal, que no reclama; y el del gobierno municipal, que solo limpia.


Los cohetes de Elon Musk despegan con la promesa del futuro, pero sus fragmentos caen sobre comunidades que aún esperan servicios básicos y políticas ambientales efectivas.

Matamoros no recibe inversión aeroespacial, solo sus residuos.

El llamado de la diputada Eguía Castillo podría marcar un punto de inflexión si se traduce en acción legislativa y presión diplomática. Pero mientras eso ocurre, los pescadores siguen encontrando restos metálicos en la orilla, y los delfines siguen apareciendo muertos.

La Playa Bagdad, joya natural del noreste mexicano, corre el riesgo de convertirse en el traspatio cósmico del capitalismo tecnológico: el lugar donde terminan los desechos del progreso y donde las autoridades, mirando al cielo, se olvidan de la tierra.

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