Director: Eduardo Vizcarra Cruz

miércoles 31 de diciembre de 2025

Sindicalismo docente en Tamaulipas: entre la unidad simulada y la lucha por el poder

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La diputada Blanca Anzaldúa Nájera hace un llamado a construir una planilla de unidad, apelando a que el sindicalismo debe velar por los trabajadores y no por proyectos personales.

La sucesión en la Sección 30 del SNTE empieza a mover fichas antes de tiempo. Aunque la convocatoria oficial saldrá hasta el próximo año y a Arnulfo Rodríguez Treviño aún le restan meses de gestión, nombres como Enrique Meléndez Pérez, Naif Hamscho Ibarra y Abelardo Ibarra Villanueva ya levantan la mano para buscar la dirigencia magisterial rumbo al 2026.

En medio de este escenario, la diputada Blanca Anzaldúa Nájera hace un llamado a construir una planilla de unidad, apelando a que el sindicalismo debe velar por los trabajadores y no por proyectos personales. Sin embargo, en la historia reciente del magisterio tamaulipeco, la unidad ha sido más una imposición que un consenso, una fórmula para asegurar continuidad de grupos de poder antes que un ejercicio democrático.

El trasfondo es claro: el sindicalismo docente en Tamaulipas enfrenta una crisis de legitimidad. La base magisterial ve desfilar nombres conocidos, viejos liderazgos que buscan reciclarse, pero sin propuestas claras para enfrentar los retos del sector: rezago educativo, precarización laboral y falta de condiciones dignas para enseñar.

Anzaldúa toca otro punto crucial: la falta de mujeres en la dirigencia. Pese a décadas de lucha, las maestras han sido relegadas a papeles secundarios mientras la cúpula sigue siendo un coto de varones. Hoy, con voto directo, el reto es mayor: ¿será la primera ocasión en que una mujer logre competir en igualdad real o se repetirá la exclusión disfrazada de apertura?

Lo que está en juego no es solo un relevo sindical, sino la posibilidad de que el magisterio recupere un sindicalismo de causas y no de intereses. La Sección 30 puede optar por repetir la vieja fórmula de “unidad” que asegura control y cuotas, o abrir un camino a la pluralidad y al verdadero debate democrático.

Porque al final, mientras los liderazgos discuten planillas y cargos, en las aulas los maestros siguen esperando que el sindicato sea un aliado en su lucha cotidiana y no solo una maquinaria política en tiempos de relevo.

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