Director: Eduardo Vizcarra Cruz

miércoles 31 de diciembre de 2025

Seguridad en Tamaulipas: entre reformas y discursos maquillados

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Gallegos Galvan asegura que “las cifras son las cifras” y que el estado está mejor que antes.

Cd. Victoria, Tam.– El diputado Marco Gallegos Galván, presidente de la Comisión de Seguridad Pública en el Congreso del Estado, salió a defender lo que desde el oficialismo se presume como avances en materia de seguridad.

Con la reforma constitucional recién aprobada y la inminente llegada de la minuta para modificar la Ley de la Guardia Nacional, el legislador aseguró que “las cifras son las cifras” y que Tamaulipas “está mejor que en gobiernos pasados”.

El discurso, sin embargo, contrasta con la percepción ciudadana y con los reportes cotidianos de violencia que siguen golpeando al estado.

Gallegos Galvan insiste en que el gobernador Américo Villarreal Anaya preside de manera constante las Mesas de Construcción de la Paz, presentándolas como un “termómetro” del combate a la inseguridad.

Pero en la práctica, esas mesas no han logrado frenar hechos de alto impacto que continúan en regiones clave como Reynosa, Matamoros o Nuevo Laredo.

Al ser cuestionado sobre las acusaciones del PAN, en voz de Luis René “Cachorro” Cantú, de que las cifras de seguridad están maquilladas, el diputado optó por descalificar al opositor y refugiarse en los datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, olvidando que la estadística no siempre refleja la realidad que padecen las calles, donde la extorsión, el cobro de piso y los enfrentamientos armados siguen presentes.

La promesa de fortalecer la legislación estatal luce más como una respuesta en automático que como una estrategia definida.

Reformas van y vienen, pero la pregunta de fondo es si realmente cambiarán las condiciones de seguridad en Tamaulipas o si serán solo otro engranaje del discurso oficialista que presume logros en cifras, mientras la población sigue viviendo con miedo.

En suma, la postura de Gallegos Galván exhibe la distancia entre la narrativa política y la realidad social: los números pueden ajustarse, los discursos pueden ensayarse, pero la seguridad —esa que se siente en la vida diaria— sigue siendo la deuda pendiente.

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