Director: Eduardo Vizcarra Cruz

viernes 02 de enero de 2026

Gusano barrenador: la amenaza que desnuda la fragilidad del campo

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Un solo caso en Nuevo León ya golpea a Tamaulipas: la frontera con EE.UU. difícilmente reabrirá antes de fin de año.

La detección de un caso de gusano barrenador en un lote de ganado en Sabinas Hidalgo, Nuevo León, proveniente de Veracruz, ha encendido las alarmas no solo en el norte del país, sino de manera particular en Tamaulipas. Aunque autoridades ganaderas locales insisten en que los filtros de revisión en Altamira, Ozuluama y Tantoyuca son suficientes para frenar el avance de la plaga, la realidad es que el riesgo existe y las consecuencias podrían ser devastadoras para la economía pecuaria del estado.

Más allá de la coyuntura sanitaria, este caso pone sobre la mesa una verdad incómoda: la dependencia estructural del campo tamaulipeco respecto a la exportación a Estados Unidos. El cierre parcial de la frontera, aunque sea preventivo, significa pérdidas millonarias y deja a los productores en estado de vulnerabilidad. José Guerrero Gamboa, presidente de la UGRT, reconoce que una reapertura antes de diciembre es difícil, lo que en términos prácticos equivale a meses de incertidumbre para los ganaderos.

El gusano barrenador, más allá de ser un problema veterinario, se convierte así en un símbolo de las debilidades institucionales. Los programas de control y sanidad pecuaria dependen en gran medida de la coordinación federal, pero el caso de Nuevo León revela la fragilidad de los filtros cuando el ganado proviene de estados con controles deficientes. La pregunta es inevitable: ¿qué pasará si un brote se presenta en Tamaulipas?

Mientras tanto, el discurso oficial recurre a la narrativa de que “los filtros funcionan” y de que “la plaga no llegará”. Sin embargo, los hechos muestran que basta un solo animal infectado para comprometer todo un sistema de exportación construido durante décadas. Confiar en la suerte no puede ser la estrategia de sanidad pecuaria.

El riesgo no es menor: el gusano barrenador ya provocó en el pasado pérdidas multimillonarias y costó años de esfuerzos erradicarlo en México. Su reaparición expone no solo la vulnerabilidad sanitaria del ganado, sino también la precariedad del modelo productivo, que sigue dependiendo de la apertura de la frontera norte como si no existiera un mercado interno capaz de sostenerse por sí mismo.

Tamaulipas no puede seguir atrapado en la lógica reactiva de esperar al siguiente brote o inspección estadounidense para actuar. Se requiere una política pública de prevención sólida, con recursos suficientes, controles estrictos en toda la cadena productiva y un verdadero compromiso con los productores locales. De lo contrario, los efectos del gusano barrenador serán más profundos que una herida en la oreja de una res: marcarán el retroceso de toda una industria que es orgullo y sustento de la región.

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