
El abandono de personas adultas mayores se ha convertido en una de las principales denuncias que recibe el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Tamaulipas. Esta problemática, que refleja una grave crisis de valores familiares y sociales, es cada vez más común, según lo ha señalado Patricia Lara Ayala, titular del organismo estatal.
De acuerdo con la funcionaria, son muchas las personas mayores que llegan al DIF tras haber sido desatendidas o incluso totalmente ignoradas por sus propias familias, quedando en una situación de alta vulnerabilidad. Algunos son dejados en hospitales, otros simplemente viven en el olvido dentro de sus propios hogares, sin acceso a atención médica, alimentación adecuada o compañía emocional.
Ante esta situación, la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes y de la Familia del DIF interviene para mediar entre los adultos mayores y sus familiares, buscando siempre garantizar la integridad, el bienestar y el respeto de los derechos de quienes han dado tanto a lo largo de su vida.
“El abandono no siempre es físico; también hay una forma de abandono emocional cuando no se les escucha, se les excluye o se les priva del cariño y la atención que merecen”, expresó Lara Ayala.
Además del acompañamiento social, el DIF brinda atención legal, apoyo en traslados, y orientación para resolver trámites jurídicos, que representan uno de los mayores obstáculos para esta población. Muchos adultos mayores no saben a dónde acudir o cómo hacer valer sus derechos, lo que los deja aún más expuestos a situaciones de abuso, despojo o negligencia.
Desde el organismo estatal se hace un llamado a la sociedad tamaulipeca para fomentar una cultura del respeto, la inclusión y el cuidado de las personas adultas mayores. Se busca crear conciencia sobre la responsabilidad ética y humana que tenemos como sociedad hacia quienes han construido nuestro presente y que merecen vivir su vejez con dignidad y acompañamiento.
«Cuidar a nuestros adultos mayores no es solo un acto de justicia, es también un reflejo de quiénes somos como comunidad», finalizó la titular del DIF.
Doña Carmen, la voz que nadie quiso escuchar ; abandonada por sus hijos y por las instituciones oficiales.
Tal es el caso que aquí le presentamos el 3 de julio de doña Carmen Castillo Zuñiga, una mujer adulta mayor que hoy alza la voz porque siente que ya nadie la escucha.
“El agua se metió, me mojé toda. Se me mojó la cama, el cuarto, todo. Una señora me ayudó, cambió el colchón… pero ya está. De ahí nadie más”, cuenta entre pausas, con la mirada clavada en el suelo y la dignidad erguida en su voz.
Carmen no sólo vive con movilidad reducida; también enfrenta el abandono de sus hijos y la indiferencia institucional. En su testimonio relata que acudió al DIF Municipal y al Estatal en busca de ayuda, pero no recibió respuesta. “Me dijeron que me mandarían al DIF Estatal… nunca pasó. Estoy completamente sola”, dice con resignación.
Su historia es un reflejo de lo que muchas personas mayores viven en silencio: la invisibilidad. Carmen sufrió una caída hace tres años. Fue operada, pero su cuerpo rechazó los clavos y alambres en la cadera. Una segunda operación tampoco le dio alivio. Hoy, su prótesis está dañada y, entre excusas médicas y familiares, nadie le ofrece una solución.
“Tengo hijos… uno en Matamoros, otro aquí. Ninguno me ayuda, ni moral ni económicamente. Nada. Estoy sola, abandonada”, confiesa con un nudo en la garganta.
Su situación empeoró con las lluvias recientes: humedad, falta de accesos, riesgos sanitarios, y el temor constante a una nueva caída. A pesar de todo, no pierde la esperanza. Pide ayuda, pero también justicia. Que alguien la vea, que alguien la escuche.
“Tengo muchas cosas que decir… pero esto es solo una parte. Por favor, necesito que me apoyen”, concluye Carmen, dejando claro que su historia no debe terminar aquí.